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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

fecha: 13/11/2008

Dos encuentros, dos ambientes

El 6 de noviembre en la Embajada de Rusia en Madrid se celebró un encuentro insólito: un coloquio literario promovido por los jóvenes del siglo XXI (según pude entender se trata de algo así como la sección juvenil del Club Siglo XXI) con participación de la asociación MAGI (abreviatura de la Asociación Internacional de los Ciudadanos del Arte, en ruso). La asociación MAGI surgió hace un par de años gracias al ímpetu de Svetlana Deon, su presidente, autora de varios libros de poesía y una novela. Su idea es unir a personas relacionadas con el arte y que viven en diferentes países. La mayoría de sus miembros son rusohablantes. En el coloquio participaron Svetlana Deon y George Alan Margi, un joven poeta de procedencia georgiana. Tanto George como Svetlana vivieron muchos años en los EEUU (ahora ambos residen en Madrid) y escriben, aparte de en sus lenguas maternas, en ingles y en castellano. Recitaron sus poesías en castellano. De hecho era la única lengua del coloquio, y el público estaba en su gran mayoría compuesto de españoles, lo que se considera buena sociedad, muy en armonía con la decoración de la sala, en blanco y oro, de la embajada.

Svetlana; George; Paloma Espido, Manuel Francisco

Por otro lado, el Club Siglo XXI es conocido en España por sus cenas-coloquios y conferencias. Allí se ha invitado a dar conferencias a las personas destacadas de la política, de la economía y de la cultura abarcando todo el espectro político. Como moderadora del coloquio en la Embajada figuró Paloma Segrelles, hija de la “madre fundadora” del Club, llamada también Paloma Segrelles. Parece ser que la hija retoma la tradición familiar organizando coloquios entre la generación más joven. En otra ocasión también moderó un coloquio dedicado a la moda en la embajada francesa. En la francesa, la moda; en la rusa, la literatura. Parece lógico.

Por parte española participaron en el encuentro la novelista Espido Freire (en 1999 se convirtió en el Premio Planeta más joven, con 25 años de edad) y el poeta y filólogo Manuel Francisco Reina.

Aparte de leer sus poesías, los escritores de una y de otra parte intercambiaron sus opiniones respecto a la semejanza y diferencias entre las literaturas española y rusa, al conocimiento (¿o ignorancia?) mutua en relación de literatura, a las dificultades y placeres de traducir. Todo muy amable y correcto. Parecía una recepción diplomática.

Después del coloquio tuvo lugar un concierto de jóvenes músicos de los países de la ex URSS (desgraciadamente no encuentro otra definición) organizado también por MAGI. Pero los actos musicales es otro “genero” de comunicación intercultural, más sencillo que la literatura. Aquí hay menos “dificultades de traducción”, por eso para mí personalmente el mayor interés del encuentro se encontraba en la primera parte.

De hecho, tuve que escapar de la segunda parte ya que quise matar de un tiro a un pájaro más.

A la misma hora que la velada de la Embajada y a media hora de distancia de allí andando (en la sede de la Fundación Progreso y Cultura, de la UGT) se celebraba otro evento relacionado con Rusia. Dolores Meroño presentaba los libros de su padre, un aviador republicano que participó en la Guerra Civil española y en la Guerra Patria de la URSS contra la Alemania nazi. Se pudo ver el documental “El cielo turbulento de España” (Kiev, 1984) rodado por el director Arnaldo Fernández que también recaló en Rusia, como consecuencia de la Guerra Civil, pero siendo un niño de 10 años. En esta sala no había “dones” y “doñas” (como en la Embajada), sino “compañeros”. Un pasado común se atisbaba detrás de sus espaldas. Aunque no todos lo vivieron personalmente: les faltaba la edad. Conocí a un hombre que escribe una novela sobre un piloto que se quedó en la URSS después de la guerra civil. Está ahora documentándose. Me dijo que aunque no conocía a nadie en la charla se sintió muy reconfortado ante la disposición de los que estaban allí para echarle una mano… Así era el ambiente.

Aglaia