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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Fecha de publicación: 1/02/2009

"Asán"

Cubierta de la edición rusa, 2008La novela “Asán” de Vladimir Makánin ganó el premio nacional de literatura rusa “El Gran Libro” del año 2008. Habla sobre la guerra en Chechenia. Vladimir Makánin (nacido en 1937 en Orsk en los Urales, vive en Moscú) publica sus relatos y novelas desde los años 60. Siempre ha tenido un estilo reconocible, transparente y palpitante, pero su trayectoria ha sido bastante cambiante e intensa, desde las novelas medio nostálgicas medio acomplejadas sobre las raíces de su generación en la posguerra, hasta descubrir los terrenos muy novedosos para la literatura, entonces soviética (como en “El Profeta”, sobre un curandero cuya imagen vacilaba entre una persona trastornada, mal de la cabeza, y un profeta) y afrontar ya nuevos tiempos, como en “El Pasadizo”, una antiutopía llena de presentimientos y fobias que estaban subyacentes en la sociedad de finales de los 80. Su peculiaridad siempre ha sido sacar a la luz y apuntar una tendencia social que anteriormente permanecía invisible. Encuentra para ella una fórmula perfectamente acabada (¡es matemático de formación!) y sin embargo la deja movediza, permanentemente mudándose de matices. Siempre le han atraído las situaciones confusas y los personajes que se escapaban de las definiciones. Puede parecer que la guerra es otra cosa pero resulta que precisamente es eso, una situación muy ambigua.

Como era que esperar, a Makánin que no estuvo en la guerra y se atrevió a escribir sobre ella, enseguida le atacaron los que había participado en combates. En el periódico “Nóvaya Gazeta” donde había trabajado Ana Politkóvskaya y que siempre sigue los acontecimientos en Chechenia de cerca, un colaborador, joven veterano de Chechenia, acusó a Makánin de “disparates” y al final el escritor se vio obligado a responder demostrando que su visión no era imprecisa y que era el otro el que se equivocaba. Por otro lado algunos críticos literarios –lejos de buscar incongruencias pero siempre en la búsqueda de conceptos– tampoco quedaron contentos. “La guerra real se reduce a un negocio, como toda la política mundial en general. Y los tiroteos, emboscadas, redadas son nada más que una parafernalia, al igual que las notas diplomáticas oficiales son como una hoja de parra para cubrir las vergüenzas de la política real –es la idea principal que sacó de la novela uno de los críticos concluyendo: – …En realidad, Vladimir Makánin ha entendido sobre esta guerra exactamente lo que nos han mostrado durante los últimos 20 años todos los medios de comunicación: que todo es una mentira y una estafa”. Pero es que “de qué va” tampoco es  la esencia de una obra de arte. Para contar de qué va “Ana Karénina” tendría que volver a escribirla, dijo León Tolstoi.

Vladimir Makanin. Foto desde la cubierta de la edición rusa, 2008El personaje principal, el oficial Zhílin (por cierto el mismo apellido tiene un personaje del clásico relato de Tolstoi “El cautivo del Cáucaso”), es jefe de unos almacenes de combustible, y también de alguna otra cosa pero lo fundamental es que está encargado del combustible. Ese combustible lo suministra al ejército ruso, a los guerrilleros y a los campesinos chechenos. Por el hecho de organizar el transporte por caminos peligrosos hacia las unidades rusas el oficial se queda con uno de cada diez barriles o, por ejemplo, cuando lo suministra a pilotos de helicópteros puede cambiar el combustible por unos vuelos cuando los necesite. A los chechenos también les vende el combustible o lo intercambia por favores. De esa manera se encuentra en el mismo centro de una telaraña tejida con mucha astucia que le permite asegurar el paso de las columnas rusas evitando las emboscadas chechenas. Al mismo tiempo que abastece a los campesinos “pacíficos” con combustible para sus tractores, también busca por los pueblos chechenos  a soldados cautivos y les libera pagando un rescate (con el dinero de las madres de los soldados y quedándose dinero por su trabajo de intermediario). Es como un dios de la guerra, pero asustado, traicionado muchas veces y con un alma compasiva. Precisamente a causa de una traición de sus jefes (le abandonan para hacerle víctima de los rebeldes chechenos ansiosos de combustible o encontrarse en la cárcel rusa como responsable de la pérdida de combustible de sus almacenes) y del miedo que pasó cuando llegaron montañeses descontrolados reclamando combustible, tuvo que defenderse y convertirse en un hombre de hierro. Sobrevive gracias a la telaraña que crea y la telaraña está en equilibrio gracias a él.

Asán es el nombre de un antiguo, antes de que se aceptaran el Islam, temible dios de los chechenos. Eso le cuenta a Zhílin un viejo general amante de libros de historia. “No se ha fijado usted, Alexander, alguna vez que los chechenos cuando tienen prisa pronuncian su nombre como Asán”, – le pregunta el general a Alexander Zhílin. (La teoría del general consiste en que Asán, el nombre del dios, procedía del nombre del terrible Alejandro Magno de Macedonia). Zhílin se había fijado. El general revela a unos oficiales otro pequeño descubrimiento, que en una frecuencia de radio siempre suena una contraseña chechena, en ruso: “Asán quiere sangre”. Pero cuando enciende la radio para mostrarlo, los oficiales oyen: “Asán quiere dinero, Asán quiere dinero…” Los oficiales se ríen. Incluso cuando la radio calla, y desaparece de las páginas de la novela, parece que sigue sonando como fondo la frase: “Asán quiere sangre – Asán quiere dinero”. Y Zhílin no cae en que él es Asán y que el dinero es la sangre. Aquí aparece uno de los temas favoritos del autor: una persona (que siempre está viva y es poco clasificable) y el papel que interpreta.

Makánin es insistente, hace vibrar una imagen hasta que al final la vibración domine al lector. ¿Por qué un soldado “loco” (trastornado por una conmoción sufrida), Alik de nombre, en dos casos dispara a un checheno en el momento en que entrega a un oficial ruso un fajo de dinero y la ráfaga del fusil parece que sigue al dinero, de manera involuntaria, y da también al oficial? ¿No es una coincidencia demasiado rara para repetirse dos veces en un libro? “¿Cómo ocurrió?” insiste Zhílin preguntando al soldado (quiere salvarle de una investigación oficial).¿Es casualidad o no tanto? Zhílin no lo entiende y a la vez lo entiende demasiado (también le da náuseas todo eso en profundidad de su alma). Y por si fuera poco, el episodio se vuelve a repetir, y eso ya parece una pesadilla, una ley, una regla inevitable… Se llama Alik el soldado conmocionado, que es un diminutivo también de Alexander. Así que tal vez un Asán más, al borde del ataque de nervios, que tiene tendencias autodestructivas. Por no soportar más esa vida que lleva.

En fin, no voy a reescribir aquí “Ana Karénina”. Sólo quiero decir que Makánin es receptivo, rico de matices y actual. Y que desprenderse de un trastorno colectivo solo se puede hacer escribiendo y leyendo novelas.

En español encontré traducciones de cuatro obras de Vladimir Makánin: “El Profeta”, “Un río de rápida corriente, “Solo y sola” y “El Pasadizo”. Espero que antes o después traduzcan también “Asán”.

Aglaia