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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

fecha de publicación: 17/12/2008

Los cuadros del subsuelo

En la Fundación Juan March (Madrid) se puede ver la exposición “La ilustración total. Arte conceptual de Moscú. 1960-1990”. Está organizada conjuntamente con la galería Shirm Kunsthalle y antes se mostró en Frankfurt am Main.

El “conceptualismo de Moscú” fue una de las corrientes del arte no oficial soviético. Los choques más famosos de este arte “paralelo” con las autoridades soviéticas fueron el escándalo que montó Jrushiov en 1962 en la exposición dedicada al 30 aniversario del Sindicato de Pintores de Moscú, en la sala de Manege, cuando se topó con cuadros “heterodoxos”, y la llamada Exposición de Bulldozer en 1974 cuando un grupo de artistas organizaron por su propia cuenta una exposición al aire libre en un parque en afueras de Moscú que enseguida fue atacada por la gente con galones camuflados de empleados del parque, utilizando cañones de agua y, según dicen, bulldozers. Este caso tuvo mucha repercusión al haber asistido a la exposición mucho público incluidos corresponsales extranjeros. El principal espacio del arte no oficial fueron los talleres de los propios pintores y las exposiciones en pisos particulares aunque a veces, en plan excepcional, se conseguían algunas salas. No existía mercado libre de arte y obtener un encargo oficial (y dinero) era posible sólo si no se alejaban demasiado de los valores artísticos oficialmente reconocidos. Aunque ya por aquel entonces algunos artistas vendían en Moscú sus obras a coleccionistas extranjeros. En la segunda mitad de los años 80 por las grandes ciudades se produjo una oleada de las primeras exposiciones “libres”, es decir sin jurados para elección de obras y con la participación de todos los que lo deseaban. Desde entonces el arte no oficial salió a la superficie.  

La corriente a que está dedicada la exposición en la Fundación Juan March se llama “el conceptualismo” por analogía con el conceptualismo occidental. El término “conceptualismo romántico de Moscú” apareció por primera vez en 1979 en un artículo del filósofo del arte Boris Groys (residente en Alemania desde 1981) que es ahora el comisario de la exposición y pretende con ella por primera vez ofrecer “una presentación sistemática” de esta corriente.

Supongo que “la ilustración total” que aparece en el nombre de la exposición se refiere a una visión desmitificadora y crítica de la omnipresente ideología soviética por parte de esos artistas, una la visión propia del siglo de la Ilustración, a la manera de El ingenuo de Voltaire.

Como por ejemplo en este óleo de Iliá Kabakov, “Domingo por la tarde” (1980). Es una tabla burocrática, con estilo protocolario de una reunión de la célula del partido o de comunidad de vecinos o incluso un estadillo de un colegio, con el contenido de una velada de amigos en un piso. Vemos las columnas: “Quién estuvo presente”, “Cómo estuvieron vestidos”, “Qué comieron” y “A qué hora se fueron”. (Es curioso ver los vestidos de aquellos años y la comida típica: una ensalada de verduras, sopa, patatas, setas fritas, te con una empanada…) Abajo se escribe una nota: “Aprobado”.

Iliiá Kabakov. Domingo por la tarde

“Dar pinceladas no en el lienzo sino en el espectador”, así determinó lo que es el conceptualismo Iliá Kabakov (tal vez, el pintor ruso de la segunda mitad del siglo XX que más se conoce en el Occidente). Para el conceptualismo importa no tanto la obra en sí como su contacto con el espectador. Éste no sólo tiene que detenerse un rato enfrente de un cuadro y sentir una vaga satisfacción o captar una asociación fugaz sino tiene que chocar con una contradicción en el cuadro que haga sacudir su cerebro. Puede ser una contradicción entre la materia y el contenido del cuadro, entre el tema y el estilo, etc. Es decir, una contradicción en el mismo “funcionamiento” de la obra. Así, por ejemplo, en el cuadro “Pintura para ciegos” (1988) de Yuri Albert (un lienzo pintado con tonos oscuros donde está escrito algo en relieve con el alfabeto Braile) la misma idea de “pintura” contradice la idea de “ceguera”.

El arte de los conceptualistas soviéticos en gran medida se alimentaba de los conceptos ideológicos soviéticos (así era el hábitat). En la exposición hay lo que se llama sots-art, una trasformación profana de los iconos y lemas oficiales, digamos un pop-art socialista (reducido, en ruso: “sots”). Son obras de Alexandr Kosolápov (su conocido “Lenin coca-cola” y otras), las de una pareja inseparable de Vitali Komar y Alexandr Melamid, que precisamente inventaron el término sots-art, y de alguno más. Son obras demandadas y comercializadas en Occidente. Pero es sólo una faceta del conceptualismo moscovita. Boris Groys en una entrevista explica muy claramente la diferencia entre sots-art y conceptualismo:

Sots-art trabajaba con los iconos, con la superficie de la ideología. Igual que a Warhol le interesaban los iconos de la cultura de masas, a nuestros autores les interesaban los iconos ideológicos. En cambio, al conceptualismo le interesaban las estructuras, las de la percepción del arte, las de la obra misma, las de difusión de ideas. Es, en gran parte, el producto del estructuralismo ruso.

Kosolapov. "¡Sashok! ¿Vas  tomar te?"<--Alexandr Kosolápov. ¡Sashok! ¿Vas a tomar te?. ["Sashok" es diminutivo de "Alexandr". El cuadro parodia la estética de un lema comunista típico, con el fondo rojo, caracteres amarillos y un perfil al lado]

Mientras el sots-art es primitivo y llamativo, otro extremo de la exposición son unas descripciones, bastante liosas, de las acciones, o performances, de los grupos “Acciones Colectivas” y “Inspección Hermenéutica Médica”. En este caso son acciones en las que hay que participar y no leer sus descripciones. Pero como la exposición es una muestra “sistemática” (como ya se ha dicho) era imposible prescindir de esa faceta. Aunque probablemente a algún espectador reflexivo esta parte le guste más que nada.

Leonid Sokov. Herramienta para determinar la nacionalidad.<--Leonid Sókov. Herramienta para eterminar la nacionalidad. 1977. Está acompañado por una "Instrucción de uso": "1. Meter la nariz en el agujero. 2. Si el ángulo de la nariz o el volumen de la misma coinciden con el agujero, Vd pertenece a la nacionalidad correspondente". Es un ejemplo de los prejuicios y de humor de aquella época, los prejuicios y el humor siguen vigentes en la sociedad post soviética.

 

 

 

Aparte de esos dos extremos, en la exposición se puede ver verdaderas, en su género, obras maestras. Una de las peculiaridades de la muestra es que la imagen es inseparable del texto. La razón se explica muy bien en el programa de mano de la exposición (no quiero repetirlo). He aquí otra vez Kabakov, “El mar” (1970): con la pintura azul está cubierto el lienzo; en cada rincón hay un cuadradito, en cada cuadradito, hay una frase: “Inna Serguiéievna Tropina : Es un lago”, “Nikolai Adámovich Bórev: Es un mar”, “Serguiéi Mijáilovich Levshuk: Es el aire fresco”; “Lidia Borísovna Sej: Es el cielo”. U otra obra suya: por el centro se sujeta un abrelatas, en el rincón de izquierda: “Sofia Stajievna Zhuk: ¿De quién es este abrelatas?”, en el rincón derecho: “Víctor Danílovich Kosar: De Anna Borísovna” (1982). Todo eso me hace recordar a un escritor del absurdo ruso, Daniil Jarms.

Si alguien estuvo hace un par de años en el Guggenheim de Bilbao en la exposición “¡Rusia!”, recordará una instalación de Kabakov “Hombre que voló al cosmos” que mostraba una habitación destartalada en una casa de vecindad soviética, con un agujero en el techo a través de cual voló al cosmos un hombre que había inventado para ello una catapulta especial. Como un complemento se exponían los documentos que “confirmaban” el caso: los testimonios de los vecinos, etc. En la Fundación Juan March se puede ver una mistificación semejante aunque a menor escala. Son obras de dos pintores y documentos sobre su vida; ambos son pura fantasía, una obra de Komar y Melamid (1973). Aunque más bien recuerdan a algunos autores ficticios de la literatura rusa (Kozmá Prutkov, Cherubina de Gabriak).

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