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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Fecha: 16/05/2009

La emocionante historia de un pintor esclavizado

El 12 de mayo en Madrid, en el bar restaurante “Las noches de Moscú” (ex “Mil y una noches”), situado en el barrio de Malasaña, se celebró una tertulia con motivo de una breve visita a la ciudad del poeta Pável Lukiánov, residente en Barcelona, y de los pintores moscovitas Serguéi Podréz y Nikolai Vóstrikov con su grupo de acompañantes. Estos últimos eran varios jóvenes pintores, una actriz, un cámara de cine... La velada tuvo dos partes: una poética y otra artística.

Traductor Cristian Mediavilla y poeta Pável LukiánovSobre Pável se puede leer una información en este mismo sitio web. Aparte de ser un buen poeta y creador de “agujeros negros” (trabajó en el Gran Colisionador de Hadrones en Suiza y ahora trabaja en algo parecido en Barcelona), es uno de los fundadores de la Asociación Cultural Ruso Catalana “ARCA”. En Barcelona es una figura conocida en ciertos círculos, y ahora se ha dado a conocer en Madrid. No estaría mal que se reforzara la comunicación con Barcelona y que haya más relación entre una y otra ciudad. Fue muy interesante también la intervención del filólogo eslavista Cristian Mediavilla que, especialmente para la velada, tradujo dos poemas de Pável y fragmentos de su prosa. A la pregunta de que le había parecido su tarea, contestó: “Al principió me resultó difícil y luego… complicado”. Al hablarnos sobre su percepción de los poemas nos dio, sin pretenderlo, una lección de actitud muy creativa y cuidadosa en lo que respecta a la traducción.

Pintores de Moscú Nikolai Vóstrikov y Serguei PodrezLos pintores eran toda una incógnita. Pável fue su anfitrión en España (hicieron juntos un viaje en coche a través del país), fue también él quién les presentó en la tertulia, nadie más sabía qué obras iban a traer y de qué iban a hablar. Serguéi Podrez y Nikolái Vóstrikov – y con ellos Natalia Jvorostiónkova que no estuvo presente– trabajan juntos y se denominan “grupo Síntez” (Síntesis). Tienen editados varios libros con su pintura que trajeron a Madrid, junto a curiosas obras fotográficas. Colocaron las fotografías en las paredes del lugar, desgraciadamente, poco preparado para ello (aunque perfecto en otros sentidos). Hay que decir, sin embargo, que estos pintores prácticamente han dejado de trabajar debido a lo que consideran falta de interés por parte de la sociedad hacia la pintura y el arte en general. Contrataron a un tal Wilhelm Shenrock, un tipo con talento, y le metieron en un sótano para que pintara por ellos. Una especie de “negro” de la pintura aunque parece que es alemán. Le alimentan con un kilo de patatas al día, no quiere liberarse, no tiene ambiciones, no pide sueldo, solo pinta, produce. A cuenta de él los pintores lo pasan a lo grande en el extranjero. Nos mostraron un álbum, bien editado, con dibujos eróticos de Shenrock… Todo eso contó al público Nikolái. “Parecía el más formal de todos, con su traje y corbata, y resultó ser el más loco”, comentó posteriormente uno de los presentes. “¿Y si se os muere? ¿Qué vais a hacer?”, le preguntaron a Nikolái los oyentes, muy emocionados con la historia de Wilhelm. “Si la palma, mejor. ¿Quién necesita a un pintor?”, esa fue la contundente respuesta. De esta manera original y provocadora Nikolái presento la situación en la que se encuentra un artista en la sociedad actual. Los espectadores que no esperaban un número de esta índole, se dejaron abducir con ganas por este juego propuesto por el grupo Síntez (que de hecho tiene “buenas relaciones” con el así llamado conceptualismo moscovita; se reconoce el estilo).

Nikolai Vóstrikov y Pável LukiánovComo persona cercana a los organizadores puedo revelar que a los venidos de Moscú y de Barcelona les cayó bien el público de Madrid y esperan seguir con “el intercambio cultural”. ¿Y de quién estaba compuesto el público? Pues, era un grupo de interesados en el arte que desde hace tiempo se conocen entre ellos al frecuentar actos parecidos; más un par de personas que vieron un anuncio colocado en los centros de estudios rusos (con la advertencia que el conocimiento del ruso era imprescindible) y que, creo, no se sintieron ajenas.

Aglaia