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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

fecha: 14/10/2008

Entrada del teatro María Guerrero

Una opinión sobre "Borís Godunov" de la Fura dels Baus

...Fui a ver “Borís Godunóv” de la Fura dels Baus, al final llegaron a Madrid. ¿Cómo no voy a ir? En la obra hay una “huella rusa”: “Este espectáculo tiene como punto de partida el secuestro del Teatro Dubrovka de Moscú por parte de un grupo terrorista en el año 2002. El hecho de que este secuestro tuviera lugar en un teatro nos impactó y nos hizo reflexionar. El teatro, nuestro lugar de trabajo habitual, había sido el escenario de una macabra función donde los espectadores se habían convertido en involuntarios actores”, dicen en en el folleto que te dan a la entrada los directores Álex Ollé y David Plana. Además, el mismo grupo teatral tiene una fama muy especial, a mí me contaron que en una de sus representaciones lanzaban a los espectadores los trozos de la carne cruda. Esta vez mi compañero se puso pantalones impresentables diciendo: “De esos se puede esperar cualquier cosa”. En fin, La Fura se considera uno de esos grupos que provocan al espectador y borran fronteras entre el escenario y la sala. Uno puede imaginarse lo que hubiera podido salir si un grupo así se acerca al tema de que hablamos.

Pero parece que me había imaginado demasiado porque quedé decepcionada. La Fura resultó ser bastante clásica. La eliminación de la frontera entre el escenario y la sala era totalmente formal. Simplemente los “terroristas” corrían por los pasillos entre las filas, y también un par de escenas eran interpretadas por los actores que ocupaban unos asientos laterales de la sala (para mí, eran los mejores episodios, porque por lo demás, era una obra sobre terroristas y no sobre rehenes, no sobre nosotros). En los palcos y los balcones también entraron los “terroristas” y luego se quedaban allí quietos como maniquíes, de vez en cuando cambiando de postura para más verosimilitud. Incluso a mí me entraron las ganas de provocar al que estaba a mi lado, pedirle permiso para salir a los servicios o algo así, pero me di cuenta que no habría ningún problema. Porque estos “terroristas” formaban parte del decorado y no tenían otra función.

¿En qué consistía la función? Fragmentos de “Borís Godunóv”, supuestamente el de Pushkin (en esta corta obra dramática de Pushkin también esta basada la famosa ópera de Músorgski), pero modernizado, resumido y neutralizado: los trajes eran modestas guerreras, los decorados minimalistas con proyecciones en el telón del fondo. En general, era medio teatro medio cine porque en la pantalla también mostraban lo que hacían los “terroristas” en el vestíbulo del teatro y las reuniones del consejo de emergencia encabezado por el “presidente del país”. Mucho cine, de acuerdo, estoy a favor de la mezcla de los artes. Pero también había muchas palabras, discusiones oídas ya muchas veces antes, como por ejemplo “¿Qué culpa tienen estas personas, algunas de las que incluso simpatizan a su causa y no votaron a este presidente?”, “Usted se preocupa por esta gente ¿pero por qué no se preocupa por las mujeres y los niños de nuestro país que no tienen ni comida ni agua potable?”, “Quiero irme, pensaba que lo íbamos a hacer para atraer la atención del mundo, yo no quiero matar a nadie…”, etc. Y los tipos de los “terroristas” –un práctico luchador por la causa, una vengadora, un gamberro, una patriota romántica – todos están representados, como muchos episodios y choques conocidos por todos los que leíamos los periódicos en aquellos días de octubre de 2002. Hablaban de todo, no habían olvidado nada, pero no aprecié teatro en todo esto. No me rozó nada. Sentí algo de aburrimiento.

Un "terrorista" en la sala

Y si nos ponemos a pensar: ¿qué meta puede ponerse un grupo de teatro cuando quiere hacer una función partiendo del suceso real cuya macabra teatralidad es insuperable? ¿Que el espectador “reflexione”? Ya lo ha hecho, porque ya ha leído un montón de testimonios y los episodios de la crónica –donde a través de las ventanas de un autobús se ven las cabezas tiradas para atrás de los rehenes “salvados” y en la sala del teatro se quedan los solitarios cuerpos de las terroristas rematadas- los recuerda perfectamente y no olvidará nunca. En este sentido la obra teatral es un débil reflejo de lo que ya hemos conocido y pensado. ¿Pretendían conseguir que el espectador se sintiera más identificado con los seres humanos participantes de esa tragedia? En este caso los actores no llegaron a cumplirlo, si es que tenían eso como objetivo. No sé qué efecto quería conseguir el grupo y, en general, qué efecto se puede pretender con una función basada en aquel suceso.

Yo personalmente en el lugar del director habría hecho lo siguiente. Hubiera puesto la calefacción en la sala al máximo, hubiera propagado algún olor nauseabundo, hubiera cerrado a los espectadores en la sala para unas tres horas sin mostrarles nada interesante y sin permitirles salir, levantarse y hablar entre ellos. A dos o tres no sumisos (actores, pero nadie lo hubiera sabido) los terroristas de manera muy “verosímil” les hubieran partido la cara. Entonces podría haber sido un espectáculo inolvidable. Y tal vez hubiera producido una catarsis en los espectadores.

Aglaia