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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Fecha de publicación: mayo 2008

Dos películas rusas se proyectan a un tiempo en las pantallas de España


“Aleksandra”
“Aleksandra” de Alexandr Sokúrov (2007; producción ruso-francesa) narra la visita de dos días que una mujer mayor viuda, Aleksandra, pasa como “invitada” de su nieto, un oficial del ejército ruso, en su unidad militar ubicada en Chechenia. El papel de Aleksandra lo interpreta Galina Vishnévskaya, famosa cantante de ópera y viuda del violonchelista y disidente Mstislav Rostropovich.

Galina Vishnévskaya en la película de Alexandr Sokurov "Aleksandra"


La anciana, jadeando, se introduce en un tanque, coge de manos de su nieto un fusil automático (sin balas), aprieta el gatillo… Dice: “Qué fácil…”

El oficial con habilidad entrelaza una larga trenza con el pelo canoso de su abuela.

Estas cosas insólitas suceden en una película en la que prácticamente no ocurre nada. Pero el director (¡y los actores!) supieron hacer estas insólitas escenas de forma muy verosímil. No se pasan ni dan una nota en falso en ningún instante. Estamos ante la película de un maestro en la que, detrás de la textura de cotidianidad, se oculta la profundidad.

No cabe duda de que esta película es para minorias. Al igual que las demás películas de Sokúrov, seguidor de la línea de Tarkovsky. Es un director muy conocido, incluso de culto para algunos. Hace pocos años el espectador español pudo ver su “El arca rusa” (2002), una película rodada en el Ermitage de San Petersburgo, con la peculiaridad de que consta de un solo plano y por tanto no necesitaba montaje.

 

“Doce”
En primer lugar, hay que decir para el espectador español que la película de Nikita Mijalkov (2007) consiste, más que nada, en una serie de “salidas” de actores que pronuncian largos y expresivos monólogos difíciles de seguir en ruso con subtítulos en español.

La película es un remake de la americana “Doce hombres sin piedad” de Sidney Lumet (1957).  Doce miembros de un jurado deciden si tuvo lugar o no un parricidio (en el caso de Mijalkov si es culpable o no un chico checheno acusado del asesinato de su padre adoptivo, un oficial ruso).

Nikita Mijalkov –en un primer momento un director muy popular entre el público como director y actor– en los últimos años ha perdido parte de su reputación, por lo menos en ciertos círculos, al convertirse en un defensor ferviente de la ideología oficial y debido a algunas sus manifestaciones políticas, como una carta, supuestamente en nombre de “todos los representantes de las profesiones artísticas de Rusia”, con una petición dirigida al presidente Putin para que volviera a optar por tercera vez a la presidencia del estado ruso.

En “Doce” esa postura deja su huella. El presidente del jurado (interpretado por el mismo Mijalkov) resulta que desde el principio creía en la inocencia del chico pero – con suma sabiduría y perspicacia – opinaba que el sitio menos peligroso para aquel era la cárcel. Este personaje, reservado por el director para sí mismo, al principio vagamente dice que se dedica a pintar acuarelas pero luego reconoce que es ex oficial (¿de qué servicios?) añadiendo que “no existen oficiales ex”.  El “oficial” no solo es sabio sino con una vena democrática: está dispuesto a ceder al parecer de la mayoría que quiere jugar al humanismo. Y más todavía: asume sólo todo el peso de la responsabilidad. Es imposible no reconocer una proyección política en este final.

Nikita Mijalkov en la película "doce"


Por otro lado, la película se ve de un tirón, gracias a la intensa interpretación de una colección de reconocidos actores. Además, la misma trama –cómo los miembros del jurado uno detrás de otro van cambiando de opinión– mantiene en tensión al espectador: a pesar de que el resultado es previsible siempre resulta interesante “el cómo” (es algo semejante a la novela “Diez negritos” de Agatha Christie donde se  asesina a un invitado detrás de otro). Los 12 personajes representan una muestra de tipos actuales de Rusia, con su sociología y psicología propia. Verlo y separar lo falso de lo convincente, mezclados en esta película, también resulta interesante.

A.