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Andréi, el que vivía en una cabina

Los decorados viajaban en un camión. El camión pertenecía a una empresa lituana y su conductor era un ucraniano, Andréi. Trabajaba con el teatro por primera vez y nunca antes había tenido que introducir su gigante en las calles más céntricas de las ciudades. Pero no perdía el ánimo. Habitualmente, desde el teatro llamaban a la policía local y esta ayudaba a Andréi a llegar al teatro cortando algunas calles si era preciso. Pero en Toledo por ejemplo no había ninguna posibilidad de acercar el camión al teatro, y los decorados los descargaban y volvían a cargar en pequeñas furgonetas. En una ciudad los policías tuvieron que serrar un bolardo que había bloqueado el camión. “¿Para qué ponen aquí tanto bolardo?” – se asombraba Andréi. También tenía que tener mucho cuidado para no derribar algún balcón. Una vez, cuando llovía mucho, parte de los decorados se mojó. Resultó que arriba en la lona del camión había un pequeño agujero quemado. No pudo ser otra cosa que una colilla tirada por alguien desde un balcón.
Andréi incluso pernoctaba en la cabina del camión. Hice una excursión para verla. Parece la mitad de un compartimiento del tren: una litera abajo, otra arriba. Hay microondas, frigorífico… En un lugar se podía ver un cuchillo grande, algo que saltaba a la vista. “¿Y eso para qué es?” – pregunté pensando en una película rusa sobre la vida de los camioneros, llena de atracos y extorsiones. “Es que aquí en España, no sé por qué, entre camioneros hay mucho gay. Cuando estás parado a veces se te acercan, y se ofrecen. Yo no conozco el idioma, cuando llaman a la cabina, simplemente muestro el cuchillo y en seguida se van”.
Andréi es un joven con principios. En Vitoria los chicos que descargaban el camión y ayudaban a montar el escenario, tenían aspecto informal, como de hippy. Mientras descargaban los decorados, Andréi daba vueltas alrededor de ellos, con el andar de un chico “duro” de la zona industrial de Donetsk, los puños en los bolsillos, la mirada escudriñadora, y gruñía: “¡Vaya melenudos! ¿Serán hombres?” Durante una pausa para fumar, les preguntó –haciendo yo de intérprete– dónde se puede cortar el pelo y cuánto valía.

Los chicos se mostraron dispuestos a darle un consejo, empezaron a discutir entre ellos y luego preguntaron quién quería cortarse el pelo, si necesitan peluquería para señores o señoras. Cuando Andréi les dijo: “yo” (lleva el corte cortísimo) se pusieron a reír y le aconsejaban que se dejara pelo como ellos. Entonces Andréi aprovechó la situación, ingeniosamente creada por él, y se desahogó diciendo que eran ellos quienes deberían cortarse el pelo un poquitín.
En Bilbao aparcó su camión en una plaza junto a la entrada de servicio del teatro. Los vigilantes del teatro le pidieron que lo moviera un poco hacia atrás para no cerrarles la vista y que lo pusiera con la cabina hacia la entrada del teatro. “No tenemos obligación de vigilar vuestro camión –explicaron– pero mejor sería tenerlo a la vista. Aquí no está seguro, hay gamberros, pueden tirar una pedrada o hacer una pintada”. “¿Dónde están los gamberros? ¡Traérmelos aquí! ¡Y cuántos más, mejor! Estoy anquilosado, necesito hacer ejercicio”, –fanfarroneó Andréi. Afortunadamente –para ambas partes– el encuentro no tuvo lugar. Y era verdad que no era un lugar tranquilo. Al lado del teatro encontraron un bolso sin dueño. Llegaron tres coches de policía. Luego encontraron al dueño. Un poco más tarde fuera empezó una manifestación. Los del teatro nos explicaron que eran parientes de reclusos vascos que exigían que les trasladaran a las prisiones del País Vasco.

El padre de Andréi también es conductor de camiones, y de niño ya se movía en el camión sentado a su lado. Cuando el Ballet coja el avión para Moscú, Andréi estará girando su volante por alguna autovía europea. Y al terminar el viaje irá a casa, a Ucrania, para descansar durante un par de semanas. “Este sí que serviría como personaje para una novela”, –dice sobre él, el traductor Enrique, licenciado en la filología eslava. Opina que Andréi tiene una vida brillante, llena de aventuras y pasiones fuertes.
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