
Iliá&Marta
Marta e Iliá llevan una librería rusa en Barcelona.
– Ilia, ¿Qué haces en España? ¿Por qué estás aquí y no en Rusia donde deberías estar, porque allí naciste?
– M-m... Es una pregunta muy global. Yo estoy interesado por el budismo y a colación de esto digo que a veces la naturaleza comete errores. Desde el momento en que empecé a tener conciencia de persona se me empezó a desparramar una vieja memoria. Sentía que no estaba en mi sitio y por eso lo he buscado en otros países. Es decir, que no digo que yo debía haber nacido en Rusia, quizá, sí en Rusia pero no en esta Rusia, la de ahora. Por eso no estoy ahora allí.
– ¿Históricamente, te sientes más cercano a alguna otra Rusia?
– Yo no creo que lo que allí ocurre ahora, tenga que ver con la verdadera Rusia. Me siento más cercano con lo que había antes.
– ¿Y España, es “tu” país?
– Sí. Yo aquí me siento como en mi propio país. Es más... Aquí en España hay personas, en términos generales a las que se les pone la carne de gallina, cuando escuchan “Ochi chyornye”... Siempre se me ponía la carne de gallina cuando escuchaba flamenco con 6 ó 7 años. Estoy seguro de que en alguna de mis encarnaciones pasadas viví en España.
– Marta, ¿y tú por qué hablas ruso tan bien?
– Pues porque mi marido es ruso. Bueno, ya en serio, desde pequeña siempre he tenido simpatía por todo lo ruso. Nací cuando Franco todavía vivía pero no me acuerdo de cuando murió porque era muy pequeña. A mí me contaban que antes había gente que creía en otra sociedad, en un mundo no capitalista y de repente todo esto me fascinó y nació un interés hacia Rusia, donde la gente vive de otra manera, hacia la música rusa o el arte. Después decidí estudiar ruso para viajar allá y conocer mejor el país.
– ¿Entonces has estado en Rusia?
– Sí y me gustó muchísimo. Vivía en un pueblo a 45 Kilómetros de Píter (San Petersburgo).
– ¿Y os conocisteis en Píter?
– Sí, en el concierto del grupo “ Colibrí”.
– Marta, ¿qué has estudiado?
Marta: Soy veterinaria
Ilia: Y por eso es vegetariana.
– Ilia ¿y tú qué has estudiado?
– Soy oceanólogo ¡Una especialidad muy necesaria aunque poco conocida!
– ¿Y eso tampoco es “lo tuyo”?
– Sí, es lo mío. Hasta ahora he soñado con trabajar en mi especialidad y estoy muy orgulloso de eso. Aquí en España durante un tiempo estuve buscando trabajo de mi rama… Al principio estudié un año en la facultad de Cosmonáutica en Moscú. Después un año en la facultad de Transporte y Construcciones de automóviles. Y después ingresé en la facultad de Oceanología. Así poco a poco pasé del cosmos al agua. Pero, por desgracia, nunca he trabajado en mi especialidad porque el año en que acabé fue un año muy problemático – el 96, en la profesión sólo quedaban algunos entusiastas. Tengo amigos que trabajan en nuestra especialidad en el Instituto del Ártico y el Antártico. Se ven forzados a trabajar por noche de guardias o vigilantes. El trabajo en el Instituto es como un club de intereses. Si quieres, vas, si no quieres, no vas porque da igual: no habrá salarios. Yo simplemente quería tener algunos medios económicos para ver el mundo, y de esa manera no me lo podía permitir. Por lo menos, si se mantuviesen las expediciones que había antes... Pero todavía sueño con trabajar en mi especialidad. Todavía no está todo perdido porque tengo mi título que aquí se puede homologar.
– ¿Y la idea de la librería a quién se le ocurrió?
Ilia: A mí. Aquí también hubo una particular confluencia de circunstancias. Lo primero, que no me gusta mucho trabajar cuando tengo un jefe. Esto siempre me ha agobiado, yo prefiero trabajar menos, pero para algo que fuera mío. Todas estas valoraciones occidentales (promoción profesional, carreras) no son importantes para mí, lo principal es tener tiempo para uno mismo. Lo segundo, que hemos descubierto es que aquí ya hay bastantes rusos y los rusos son una nación que lee, eso no hay que olvidarlo. No queríamos pedir dinero a nadie, por eso esta es una empresa modesta. Empezamos simplemente con los libros que traía en una bolsa.
– ¿En qué lengua habláis entre vosotros?
Ilia: Intentamos hablar en español pero a menudo pasamos al ruso.
Marta: Porque a él le gusta más hablar y a mí escuchar.
– Marta, ahora conoces a muchos rusos que viven aquí. Gente un poco particular, los inmigrantes, ¿te interesa relacionarte con ellos?
Marta: Es una pregunta difícil ...
Ilia: Hablamos de esto prácticamente todas las tardes.
Marta: Aquí hay muchos rusos muy interesantes pero también hay una masa de gente que no me interesa mucho. Me atrae relacionarme con los españoles, porque me siento en Rusia, no en España. Después de las nueve, cuando cierra la tienda, tengo que relacionarme con españoles.
Ilia: Hay un viejo refrán “Un poco de hiel echa a perder mucha miel“. Vienen nueve personas con las que te relacionas a gusto e incluso a veces sientes, que son la historia viva. Viene uno que fue secretario personal de Andrei Sájarov o que trabajó en el teatro Bolshoi, bailarines, directores: es tu país, es una época...Y después de estos nueve viene el que se permite declaraciones del tipo: “Esta lengua gitana, español, yo no quiero aprender esta lengua de gitanos“, es decir hay cierto chovinismo ruso: la gente simplemente justifica su obtusidad y su incapacidad para iniciarse en otra cultura y recuperan lo que en ocasiones nos trasmitieron de pequeños – que éramos los mejores, los más guays. Y los días más duros para nosotros son domingo y lunes cuando una parte del público – y esto no lo escondas – viene aquí después de una borrachería total, con resaca. Es muy desagradable observarlo, y yo entiendo a Marta. Uno tiene que decir a la gente que está en España y que se comporte conforme a las leyes españolas.
– ¿Y tú cómo te encuentras entre los españoles?
Ilia: Nunca he tenido ningún incidente desagradable. Desde el primer día, cuando llegué aquí y todavía no hablaba una palabra de español, me di cuenta de que tienen un internacionalismo asombrosamente desarrollado.
– ¿ A qué llamas internacionalismo?
Ilia: Es muy difícil de exponer...
Marta: Yo creo que aquí la gente no se relaciona con los extranjeros de forma negativa, como en otros países de Europa, donde hace tiempo que hay inmigración y mucha gente considera a los extranjeros como una clase inferior. Aquí pasa lo mismo que en Rusia, la gente no está aún corrompida y trata bien a los extranjeros igual que me trataban a mí las abuelitas de Píter, cuando se percataban de que yo era española.
Ilia: Aquí todos los amigos intentaban hablar un poco conmigo en inglés. Cuando estuvimos en el pueblo de la abuela de Marta, ¡me recibieron con tanta alegría!
– Marta, quizá esta es una pregunta vulgar, pero no puedo dejar de preguntarte: ¿En qué se diferencian los hombres rusos de los españoles o todo esto es una tontería y no se puede generalizar?
– Pienso que todo esto es una tontería, porque yo, por ejemplo, conozco a mujeres rusas, cuyos maridos españoles beben y las pegan, las mismas historias que cuentan las mujeres en Rusia. Conozco a una mujer rusa, que huía de su país de un marido así y aquí se lió con uno igual.
verano de 2002

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