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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Rosa Canales

Enseñar el otoño

El taller de pintura para niños “Pequeños Maestros” ya lleva 12 años funcionando en Toledo.

Se encuentra en una sala con grandes ventanas que dan a Tajo,  en la casa donde viven los pintores Rosa Canales y Borís Lugovskói. Tambien viven allí un perro al que llaman “Sintecho” y dos gatos que se enredan en las piernas de los visitantes. Rosa y Boris vinieron de Simferópol (Crimea). Hace ya años se conocieron en la Escuela de Arte de aquella ciudad Rosa que nació en Crimea y Borís que vino de Siberia. Luego juntos siguieron sus estudios en San Petersburgo y más tarde se trasladaron a España, concretamente a Toledo. El padre de Rosa procedía de un pueblo toledano… En España, Borís sigue dedicándose a la pintura y a la restauración, y Rosa empezó a cultivar a jóvenes talentos en el taller que junto a Borís había organizado.

- Rosa, ¿cómo resuelves el dilema de siempre: enseñarle al niño las bases de oficio o dejarle expresarse y desarrollarse espontáneamente?

- Los niños vienen una vez a la semana por lo que es difícil darles conocimientos “académicos”. Para eso hubiera necesario estudiar como estudiábamos nosotros: asistir a una escuela de arte infantil 4 ó 5 veces a la semana y en verano hacer prácticas. En cambio, aquí sacan al niño del colegio, lo traen aquí y luego tiene música, bailes, todos chicos fútbol, actividades religiosas, catequesis… Los padres me preguntan a menudo: ¿mi hijo tiene talento? Pero yo el único talento que conozco es la capacidad de trabajar. Sobre el dilema del que hablas he discutido mucho con mis compañeros de estudios y coincidimos en que cuando en un niño madura una necesidad de pintar “correctamente”, eso se percibe. Lo que pasa es que enseñar a dibujar o pintar no es tan complicado. Mucho más complicado es enseñar a ver y a sentir. Cuando terminamos una naturaleza muerta “correcta”, a veces les digo: ¡y ahora píntame lo que piensas sobre esta naturaleza muerta. O les doy tareas para que expresen un ritmo: les echo todo tipo de frutas en la mesa y les pido que las organizan siguiendo un ritmo: si las dibujas todas en una línea, será como dar a la misma tecla en el piano, ¡no vale, les digo, ¡intentar darles un ritmo! Durante la clase siempre suena como fondo  música clásica. Al principio protestaban, decían: “¡Ponnos sevillanas!” Pero les digo: “Con las sevillanas,  vais a bailar y no a pintar!” También les pido que me escriban relatos cortos: no sólo que pinten el otoño sino que escriban sobre él.

taller

- ¡Qué tema más puramente ruso: los cambios de estaciones! A mí me parece que los españoles no dan tanta importancia a los cambios de estaciones como los rusos.

-Si falta una experiencia personal, escuchamos música, compramos “El otoño” de Vivaldi y la música de Chaikovski. Hablamos del invierno e intentamos a imaginarnos como vuelan los copos de nieve.

- ¿Pero qué saben los jóvenes toledanos sobre los copos de nieve?

- ¡Bueno! El año pasado nevó, diez años hacía que no nevaba y  he aquí que nevó. Así que ahora ya saben lo que es eso.

- Sí, pero insisto: ¿no tienen ellos tal vez una experiencia emocional distinta a la de los niños rusos?

- Yo misma tampoco sé qué lo que son “los niños rusos”. En mi colegio en Crimea y cuando realizaba los estudios superiores en San Petersburgo, casi no había rusos en mi grupo. Había letones, lituanos, kalmykos, armenios, ucranianos: ¡nuestra geografía era muy amplia! Para mí nunca existía el asunto de nacionalidad.

- ¿Y qué fabulas lees con tus alumnos: rusas o  españolas?

- ¡Universales! Los hermanos Grimm, Charles Perrault… Intentamos  escribir nuestras propias fábulas. Dices “¿rusas o españolas?”,  pero es que a mí me resultaba al principio todo muy difícil precisamente por que todo es ¡demasiado universal! Todos han visto las películas de Disney. Todos saben cómo va vestida Alicia. Tienes que convencerle al niño: de esta manera se la imagino un pintor, pero ¡tú eres otro pintor, diferente! Cuando crecen un poco pintamos los mitos griegos, La Cenicienta ya no les inspira. Hace poco un niño de 8 años me preguntó: “¿Puedo dibujar un mito?” “¿Cuál?” “La crucifixión de Cristo”. Con la educación religiosa no existen problemas…

- ¿Y la dibujó?

- Sí. Luego le mostré cuadros de diferentes pintores sobre este tema. En general, intentamos mirar muchos cuadros.

- ¿Cómo surgió la idea de crear estos talleres para niños?

- En 1993 el Ayuntamiento de Santander organizó una exposición de Borís y la condición fue que durante todo el mes él debería dar clases a los niños. Cuando oyó la palabra “niños”, se asustó mucho. Allí había niños con gran talento. Por ejemplo, un niño de 5 años, Pablo, ponía un punto en una hoja de papel y, sin apartar el lápiz, con una línea dibujaba un animal fantástico ¡nosotros nos quedábamos con la boca abierta! Los niños españoles, en general, tienen mucho talento. En esto coincidimos con unos profesores de música chico con perrorusos de Oviedo. Aunque, no lo sé… A mí me parece que todos los niños tienen mucho talento. Te puede costarte sentarle al niño, pero si al final lo consigues, pueden salir resultados maravillosos.  En fin, Borís está acostumbrado a dar clases en escuelas de arte y empezó a tratar a los niños como si fueran alumnos de una escuela de arte. Éstos sólo se arrimaban hacia las mesas. Al final el curso lo llevaba yo y Borís se asomaba de vez en cuando adoptando el papel de una especie de “ogro”. Recuerdo que Pablo, ese niño genial,  dibujaba como máximo media hora, luego mojaba el pincel en agua y empezaba a salpicar a todos los alumnos. Cuando entraba Borís y decía: “Pablo, ¿pero que estás haciendo?”, éste, asustado, se metía debajo de la mesa. En cambio, yo simplemente me acuerdo de cómo era muy de niña: desordenada, perezosa (así sigo siendo) y recuerdo lo qué quiere y lo qué no quiere un niño. Sé que lo principal en la vida es una ilusión, que hay que apoyarle a un niño con una ilusión. Y de dónde sacarla, si se la llevas en el pico, eso ya es problema tuyo… Y el taller en Toledo también lo empezamos juntos Borís y yo, pero él pronto abandonó porque su actitud es enseñar de manera rigurosa.

- ¿Tienes aquí colegas, gente con quien compartes tus inquietudes?

- Me puse en contacto con el Museo de la Reina Sofía, ellos también trabajan con niños. Conocí el Museo Pedagógico en la facultad de Bellas Artes de la Complutense. Pero no nos inspiramos demasiado mutuamente. En general, mi sueño es organizar un museo del arte infantil aquí en Toledo.

2007