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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Ruslan Galazov

 

 

Ruslán Galázov:
“Si no es por la pintura, no me hubiera salvado ni mi familia ni este bello país...”

Ruslán nació en Vladikavkaz (capital de una república rusa, Osetia del Norte), estudió en Moscú. Hizo el servicio militar en el Mar de Bárents. Licenciado en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Moscú. Estuvo en la plantilla de un periódico de Kamchatka y luego, del Oriente Lejano. Más tarde, según él, “al comprender que mi carácter no se adaptaba a los jefes ni al trabajo colectivo”, pasó a ser un profesional libre y trabajó para diferentes periódico y revistas de Moscú tratando temas muy diferentes. A veces “jugaba” con la acuarela y el guach. En verano de 1991 vino con su familia a España. …Y aquí estamos en su exposición en la Sala municipal de exposiciones de El Escorial hablando con el ahora pintor Ruslán Galázov.

– ¿Qué significaba para una persona de 50 años cambiar un país por otro, junto a su mujer y cuatro hijos, el mayor de los cuales tenía 13 años?
– Tuvimos que empezar todo desde cero, era como si viniéramos a otro planeta. En todos estos años el mejor trabajo que conseguí fue el de vigilante nocturno, con un perro. Pero duró poco. Pasamos por momentos duros.… Nos ayudaron mucho algunos amigos españoles. No me imagino cómo hubiéramos sobrevivido sin su ayuda.


– ¿Experimenta nostalgia?
– La emigración es una situación extrema. Allí se ha quedado todo: lengua, amigos, costumbres, infancia. Soy, puede decirse, un homo soviéticus. He escrito un ciclo de cuentos humorísticos sobre la inmigración. Muchos han escrito de la nostalgia, algunos de manera genial: Nabókov, Gazdánov (por cierto, mi paisano), pero qué sentido tiene eso de lamentarse… un personaje de mis relatos más bien se ríe de si mismo, por ejemplo sobre su “nostalgia gastronómica”: “¡Ay! Me comería ahora nuestro arenque salado con vodka, o setas, me pondría en una de las típicas colas por un producto deficitario en donde uno podía empujar, enterarse de las noticias…”


Retrato de un pintor– ¿Tiene posibilidad de editar el manuscrito?
– Tal vez en Osetia… En este sentido siempre ha habido trabas: aquí y allí (y no sólo para mí, claro). En Osetia a principios de los 80 salieron dos libros míos de cuentos, pero editar siempre resultaba difícil: tuve que hacer cola detrás de los “clásicos vivos” (en los planes de ediciones estuve en la sección de la literatura nacional aunque escribo en ruso) o me decían, no hay papel (¡en el país de los bosques!). Aquí el problema es otro: hay que pagar al traductor. Estoy muy agradecido a Tatiana Drozdov, profesora de la Complutense que tradujo y preparó para edición mi libro de cuatro cuentos, como un material didáctico para los que estudian ruso.


– Parece que no es tan rara ahora la situación cuando uno vive y escribe en un país y edita en otro. Era  extraña cuando existía el “telón de acero”.
– La desgracia es que ya no me imagino demasiado bien la situación en Rusia. Y a la vez no puedo aceptar esta responsabilidad colosal, de escribir sobre España. No conozco bien su historia, cultura, no he pasado por lo que han pasado los españoles. Puedo meter la pata. Por eso escribo cosas cotidianas, bosquejos. En cambio si yo hubiera vuelto a Rusia escribiría una cosa seria, a juzgar por lo que allí he visto.


– ¿Cuándo estuvo en Rusia por última vez?
– El año pasado, llevaba mucho tiempo sin ir.


– ¿Y qué le pareció?
– Es otro país. Antes salía a la calle Gorki (ahora Tverskaia, una de las avenidas centrales de Moscú), a cada cien pasos encontrabas a algún amigo, paseábamos, nos veíamos con chicas guapas, tomábamos algo... Esta vez cuando estuve allí entré en el bar de la Casa de Periodistas: ambiente oficial, precios locos, caras poco amistosas.


– Bueno, es una impresión normal de alguien que ha perdido algo los vínculos…

– Claro. Y sin embargo se nota que cada uno va a su aire, está preocupado por lo suyo.


Un paisaje– Antes lo que había era una despreocupación común.
– ¡Muy exacto! Y ahora en cambio una preocupación, de cada uno por separado.


– Quisiera preguntar cómo se ha convertido en España en pintor profesional…
– Una vez vi encima de un contenedor de basura unas puertas amontonadas, de las habituales, unas diez. Las cogí, serré, compré acrílicos y brochas (ya que son más baratas que los pinceles) y empecé a pintar. Y un tiempo más tarde saqué a pasear a mi chucho y él conoció a un collie, y yo, a su amo. Y resultó que este era un pintor que incluso había trabajado con Dalí. Le llevé para que viera mis puertas. Le gustaron. Me animó a hacer la primera exposición. Y así empezó todo: la primera Casa de Cultura, la segunda Casa de Cultura, todo en el extrarradio de Madrid. Luego expuse en Madrid, en la galería “Amador de los Ríos”. Por exponer había que pagar 200.000 Ptas., pero me cobraron con cuadros. Luego hice muchas exposiciones allí, y en otros lugares. Tuve mucho éxito en Finlandia. Los fineses me compraron 14 cuadros.


– Probablemente les atrajo su paleta colorista. Propia del Caucaso. De hecho cuando vi sus obras me acordé de Pirosmani.

– Si, también las comparan con obras de Chagall, Modigliani. A mí personalmente me gusta mucho Edward Munk. Por él y por Grieg siempre soñé con viajar a Noruega. Cuando “me forré” en Finlandia en seguida visité Noruega.


– ¿Y en Rusia no quiere hacer una exposición?
– En Moscú la pintura contemporánea tiene mucha fuerza. Y en Osetia también hay buenos pintores… A mí me resultaría interesante exponer allí.  Ahora, como usted dijo, no hay “telón de acero” (hay de terciopelo), por eso, en principio, hay posibilidades. En Moscú pasé por el Instituto Cervantes y les dije: “Ya que soy ciudadano español, ¿por qué no me montáis una exposición?” Las obras les gustaron, pero dijeron que por ahora en sus planes sólo tienen a “los grandes”.


Un cuadro– ¿Tiene estudio?
– No. Cuando antes vivíamos en Villalba, teníamos un pequeño salón, cuatro gatos y un cachorro (los recogió en la calle mi hija menor, muy sensible con todo lo vivo). Mi mujer es pianista, trabaja en una escuela musical, tres de mis hijos son músicos (sólo el mayor es deportista). Y yo allí mismo me meto en un rincón y pinto. Somos muchos pero bien avenidos.


– Volviendo a la pintura: usted pinta con acrílicos… Pero parece óleo…
– Depende del fondo… Mis métodos son “caseros”, pero consolidados con el tiempo. Descubría América a cada paso. Cuando pinto no siempre veo la imagen de antemano, a veces trabajo mucho sobre el lienzo y luego lo emborrono y rápidamente pinto algo nuevo. Es como compensación: trabajas mucho tiempo pero te atreves a emborronarlo todo, y te sale un buen cuadro. Ahora creo en esas cosas. Y me da lástima que durante tanto tiempo haya sido un materialista absoluto.

2004