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Para los españoles sobre Rusia, para los rusos sobre España
по-русски

Fecha: 06/11/2009

Ksenia Dyachenko

Ksenia Dyachenko nació en 1981 en Rusia. Estudió en el Colegio de Arte de Volgogrado –la ciudad que a los españoles les suena más con su nombre antiguo, Stalingrado– y luego en el Conservatorio Superior Estatal de Saratov –otra ciudad en orillas del río Volga– donde en 2007 obtuvo la Licenciatura de Postgrado.  Durante la temporada 2007-2008 actuó con la Orquesta Filarmónica de Volgogrado.  Actualmente –y provisionalmente– vive en Belgrado, Serbia. Es finalista de una serie de concursos, nacionales e internacionales, de pianistas. En la primavera pasada obtuvo el Premio del Público en el Festival de Jóvenes Pianistas en Sigüenza y, una semana después, el Tercer Premio en el concurso internacional “Antón García Abril” en Teruel.

"Se produjo un buen contacto con el público así que el estrés se quedó en un segundo plano..."

Ksenia, ¿cómo aterrizaste en España?
Me encontraba participando en el Concurso Internacional “Jeunesses Musicales” de Belgrado en marzo pasado, se me acercó Brenno Ambrosini, que era miembro del jurado, y me propuso que participara en el concurso “Antón García Abril” en Teruel y en el Festival de Sigüenza. Acepté la propuesta y aquí estoy.

Brenno, aparte de ser un pianista que se mueve en los altos círculos musicales, es uno de los fundadores de la asociación “Bell´Arte Europa” que se empeña en convertir a Sigüenza en una meca musical (bueno… igual exagero un poco). Organizan muchos conciertos de la música clásica, traen muy buenos músicos. Por cierto, rusos también… ¿Así que te escuchó por primera vez y le gustó tanto que en seguida te ofreció participar?
Sí. Ahora ya puedo afirmar que nuestras ideas sobre música coinciden. He asistido al Curso que organiza “Bell´Arte Europa” en verano y me gusta mucho lo que dice Brenno... En el conservatorio también tuve una profesora cuyas ideas me resultaban cercanas… Cuando daba clases a niños de 6 ó 7 años me di cuenta de lo importante que es el entendimiento mutuo. A veces un niño todavía no tiene ni idea de nada, pero si se produce un contacto sabes que puedes conseguir algo con él. En nuestra profesión eso tiene una importancia especial: no solo un contacto intelectual sino también emocional. Y una visión parecida, en general, sobre lo que es la música. Hay que decir que los pedagogos de música tienen diferentes prioridades en la interpretación. Unos aprecian más la técnica. Otros, el sentimiento.

¿Se trata de tener una técnica impecable como base y después, con esa base, se hace posible la expresión del “sentimiento”?
No. Yo creo que la música antes de nada es música. Y no se trata de “antes” y “después”. Esas dos cosas –la técnica y, digamos, el contenido emocional, el mensaje– tienen que ir juntos. Incluso a veces, cuando escucho, me importa más el sentimiento aunque uno no haya tocado totalmente “limpio” desde el punto de vista técnico. Eso yo lo aprecio más. Cuando trabajaba en una escuela musical procuraba a acostumbrar a los niños a que tomaran la música como una búsqueda de algo. Que no simplemente dieran a las teclas sino que pensasen qué están haciendo, por qué, con qué intención, qué quieren… Claro está, con los niños eso no es tan fácil, tienes que utilizar su propio lenguaje, pero yo me empeño en que al tocar expresen, en la medida de su capacidad, sus impresiones…

¿Los pianistas rusos, en general, apreciáis más el “sentimiento”?
En Rusia también hay escuelas diferentes. Pero en mi opinión, en los últimos años cada vez se da mayor preferencia a la maestría técnica, lo que en algunos concursos se convierte en un circo: los pianistas compiten en quién toca más rápido una u otra pieza virtuosa. Se convierte en un objetivo por sí mismo el tocar rápido, “limpio” y… nada más. Pero con eso se pierde la individualidad del músico. ¡Tantos pianistas, pero en realidad todos interpretan igual!

¿Puedes nombrar a pianistas que se acerquen a tu idea sobre cómo hay que tocar?
Es muy importante escuchar “en vivo”. De los grandes pianistas, desde luego, admiro a Guilels. Por cierto, he notado que en Europa se conocen otros pianistas rusos que aquellos que se conocen dentro de Rusia. Me asombra que aquí no sepan quién es Denís Matsuyev ¡mientras que en Rusia es verdadera estrella! Por otro lado, es precisamente de aquellos que interpreta de una manera brillante pero ¡tan racional, te emociona tan poco!.. A mí me gustaba mucho Elisó Versaladze. Cuando estudiaba en el conservatorio venía con frecuencia a Saratov. Ahora me resultaría interesante escucharla, por aquel entonces era mi ídolo, pero todos vamos cambiando…También me gustan Borís Berezovsky, Dmitry Bashkirov, Mijaíl Pletniov…

Volvamos al concurso “Antón García Abril” donde obtuviste el Tercer Premio...
Brenno me preguntó si podría aprender unas obras de un compositor español, Antón García Abril, en un mes. Contesté que sí –sin saber todavía nada sobre este compositor– porque cuando se trata de interpretaciones, de conciertos estoy dispuesta a hacer hasta lo imposible. Resultó que tenía que aprender bastante y que las piezas no eran tan fáciles…

¿Fue la primera vez que oíste el nombre de Antón García Abril?
Por primera vez oí el nombre y por primera vez conocí la partitura. Interpreté su Preludio nº5 y las tres “Piezas Amantinas”. No es tan fácil interpretar algo totalmente nuevo, algo que no habías conocido, pero me gustó mucho y, según parece, a él, también. Se me acercó y me dijo que le había gustado mucho la forma en que había tocado el Preludio. Vale mucho oír eso del mismo compositor.

¿No da un poco de miedo cuando el mismo compositor te escucha y puede hacerte algún comentario?
No, en aquel momento yo no pensaba en absoluto en lo que diría el compositor ni los demás, solo intentaba a trasmitir lo que sentía y lo que estaba escrito. Recuerdo que me agoté tanto que no me quedaban ya ningunas emociones. Claro que luego, cuando empiezas a rebobinar todo en la memoria, piensas: ah, que genial que me haya dicho eso… qué buena chica soy… Pero en aquel momento después de la interpretación ya no sentía nada.

¿Qué te ha parecido el público español?
El público me ha gustado mucho porque es muy receptivo. Siempre se nota si te están escuchando de verdad o simplemente esperando a ver cuando se termina. En el Festival de Sigüenza y en el concurso “Antón García Abril” yo estaba muy inquieta, tocar a una obra nueva siempre significa un estrés. Y aquí, aparte de una obra nueva, un país nuevo –nunca antes había estado en España– ¡y además un concurso! Pero se produjo un buen contacto con el público así que el estrés se quedó en un segundo plano.

¿Cómo se siente ese contacto? ¿Por los aplausos?
¡No! Los aplausos nunca ni siquiera los oigo porque después de la interpretación ya no percibes nada. El contacto se produce en el nivel, digamos, de vibraciones. Sientes un impulso complementario. Resulta difícil explicarlo pero lo noté en Sigüenza y luego en Teruel. Gente que de verdad te escucha.  En Sigüenza por ejemplo tocaba a Schnittke, es una música muy específica pero el público escuchaba. Y se nota que están interesados. Viene mucha gente, para una ciudad tan pequeña como Sigüenza. Claro que me alegro mucho de que me dieran el Premio del Público.

¿No te pareció muy exótico la ermita de San Roque de Sigüenza como lugar de conciertos?
Cuando la contemplé desde fuera sí. Pero cuando entré, probé el instrumento, la acústica, me sentí confortable y a gusto.

Los pianistas, muchas veces tenéis que tocar un instrumento que es “ajeno”, a diferencia de, por ejemplo, los violinistas que llevan consigo su violín. ¿Condiciona mucho esto a la interpretación?
Sí, en primer lugar es que no siempre el instrumento es ideal. En segundo lugar, especialmente cuando participas en los concursos y tienes que tocar enseguida después de otro pianista, sientes su “energía” que todavía permanece en el piano. Te sientas, empiezas a tocar y vez que el instrumento todavía no es “tuyo”. Es como un ser vivo. Estás tocando y sintiendo que luchas con él y a veces solo hacia el final de la interpretación encuentras un contacto con el instrumento. De hecho, yo siempre paso con mi pañuelo por el teclado antes de tocar para quitar la energía de otra persona.

La escuela pianística rusa goza de respecto en el mundo. ¿Es difícil destacar entre esa cantidad de buenos músicos?
En Rusia muchos músicos de talento quedan fuera del juego. Para promocionarse, el talento no es precisamente la cualidad más útil. Muchísima gente con talento se ve obligada a dedicarse a otras ocupaciones simplemente porque en su tiempo nadie les ayudó, nadie les comprendió.
…Nosotros, los rusos, nos centramos mucho en nosotros mismos. Aunque el telón de acero se ha abierto, seguimos viviendo detrás de él. No sabemos lo que pasa aquí, fuera de Rusia. Para nosotros existe lo nuestro, y ya está. Existen nuestros ídolos, pero el hecho de que en el mundo haya muchos otros músicos excelentes, nos deja indiferentes.

¿En tu familia hay más músicos?
Mi madre es música. Obtuvo el diploma de enseñanza musical secundaria. En aquellos tiempos para licenciarse en el conservatorio superior tenías que ser Ríchter, no como ahora. No sé si ahora hay mucho más centros superiores de enseñanza musical o hay otras razones…

¿Y tú? ¿Ves tus límites?
A veces tengo la sensación de que me topo con un muro que no podré romper, pienso: “Ya está, el final del desarrollo” – ¡y precisamente en seguida algo se mueve! Y así cada vez. Yo toda la vida he procurado ir por un camino complicado, por ejemplo elegir para mi programación las obras que no sean en absoluto “mías”, no sea “mi” estilo, para que sea complicado, para crecer.

¿Y qué es lo “tuyo” y lo que “no es tuyo”?
Lo “mío-no mío” depende de cada periodo. Se mezcla también con “lo que me gusta-lo que no gusta”  y no es lo mismo. Por ejemplo, me gusta muchísimo Rachmaninoff, pero a veces me parece que no es un compositor “mío” del todo. A veces me parece que más “mío” es Skriabin. He tocado poco Chopin pero siento que es un compositor “mío”. Me gustan mucho Ravel, Prokofiev, Beethoven, Mozart, Bach, Liszt… Para mi complicado es Schubert, sus sonatas. He tocado su fantasía Wanderer para luchar conmigo misma. Me gusta pero no la elegiría para concurso porque sé que ahora no va a sonar de la manera de que podría sonar.

G.L.