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Lo que hay en Rusia
En el último FITUR (Feria Internacional de Turismo) Rusia estaba representada, como siempre, más que nada por Moscú y San Petersburgo. FITUR no es una novela de Julio Verne sino un negocio, y si los carísimos itinerarios a las dos capitales rusas siguen funcionando, pues siguen explotándose. También este año tuvo más presencia que otras veces el clásico viaje en transiberiano, dirigido por la agencia Inturist, en dos modalidades: de Moscú a Vladivostok y de Moscú, a través de Mongolia, a China.
Sin embargo, muchos expositores de FITUR, aparte del negocio, aprovechan la ocasión para hablar -cuanto más interesante y atractivo, mejor- sobre sus países. Es que la feria está abierta para el público, y los españoles, con su pasión recién nacida hacia los viajes, se lanzan allí el fin de semana acompañados por sus amigos y familiares. Tal vez, hoy por primera vez sabe de la existencia de las islas Eolias, pero a la hora de planear la vacaciones de turno -¡zas!- de repente puede que se acuerde de ellas.
La Federación Rusa también tuvo un pabellón con el objetivo primordial de dar a conocer el país. Un lugar central en él, lo ocupaba la región de Krasnodar, situada al lado del Mar Negro. Aunque no disponía de nada que pudiera atraer la atención de los visitantes. Incluso los mismos representantes de la administración de la región no ponían demasiado entusiasmo en la obra reconociendo que apenas se seduce a un español por las ciudades costeras de Anapa o Tuapsé, que eran la meca de las vacaciones familiares en la Unión Soviética. Es verdad que está allí Sochi, la capital de la Olimpiada de invierno 2012, pero tendrán que pasar muchos “fitures” antes de aquella fecha…
También en el marco del pabellón oficial, estaba presente (al igual que el año pasado –o incluso de otros años, no me acuerdo bien–) una república caucásica, Daguestán. ¿Por qué precisamente Daguestán o no otras? (¿por ejemplo, la república de Chechenia? Hubiera sido interesante…) La razón es simple: porque precisamente Daguestán, y no otros, expresaron su deseo de participar.
A mí personalmente (también tuve en mente a mis amigos españoles) me interesaron dos cosas:
 
La primera, la agencia de viajes Eastland de Irkutsk. Ofrecen campamentos (de casas de madera) con distintos niveles de confort en el lago Baikal, el más profundo del mundo y de belleza incomparable, especialmente en otoño. Incluso puedes elegir una casa en la mismísima orilla, en la conocida isla de Oljón, sin comodidades pero en plena naturaleza, con pesca (si alguien es aficionado), con ómul (un pez, con sabor único, que sólo vive en Baikal) acompañado de vodka. Podréis decir que son placeres “rusos, demasiado rusos”. Pero yo creo que son universales. Esta misma agencia gestiona cruceros por Baikal, rutas a pie por los alrededores, excursiones a la antigua ciudad siberiana Irkutsk. Marina Kukánova, representante de la agencia que me contó todo esto, reconoció que en mes de julio en la isla Oljón apenas se oye el idioma ruso, son tantos los extranjeros que pululan por allí. Sin embargo, muchos españoles en la búsqueda de “algo diferente” no saben que existe esta posibilidad, muy real, encontrar “lo diferente”.
 
Lo segunda cosa que me resultó curiosa, fue el museo-parque nacional de Mijaíl Shólojov en stanitsa Vióshenskaya (región de Rostov), que también participa en FITUR no por primera vez. “Stanitsa” se llama un poblado de cosacos. A primera vista, ¿qué interés puede tener el público español medio en Mijaíl Shólojov, el autor de “El Don apacible”, a quien, aunque sea Nobel de literatura, ni siquiera los mismos rusos se aprecian ahora tanto como en los años soviéticos? Pero es que no es sólo un museo del escritor sino sobre la vida de los cosacos de Don. La secretaria científica del museo Vera Kashibadze (ella misma procede de una familia de cosacos de Don que fueron “descosaquizados” –no sé cómo traducir este, ya por si torpe, término ruso– por Stalin, es decir, obligados a dejar de ser cosacos) me contó que resultó imposible arrancar del todo las costumbres y hábitos de los cosacos y ahora, por ejemplo, la gente vuelve a construir las casas a la manera tradicional, considerándolas las más cómodas y lógicas para aquel clima. También se han conservado (y se están recuperando) algunas haciendas antiguas, se ha conservado (y se está recuperando) el folklore cosaco. El territorio del museo abarca varios pueblos y casi 40 hectáreas de campo, en fin, una especie del “parque temático” de la vida de cosacos. Cada año a finales de mayo se organiza la “Primavera sholojoviana” con participación de muchísimos grupos folklóricos de todo el país y del extranjero. También dijo Vera que en el FITUR del año pasado habló con ella un joven y –“¡fíjate!” –, como consecuencia de ello, un numeroso grupo de jóvenes españoles visitó a Vióshenskaya.
Por cierto, parece que muchas de las agencias de otros países aprovechaban a sus compatriotas residentes en España para comunicarse mejor con el público. A los rusos eso les faltaba –aunque por lo menos a una persona con estas características sí que pude ver–, porque los profesionales de turismo están obligados a saber inglés pero el público, no.
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