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"La fábula de la princesa muerta"

En el Teatro de Koliada

Nikolai Koliadá
La fábula de la princesa muerta

Rimma 30 años
Maxím 30 años
Vitali 30 años
Nina 30 años

Una clínica veterinaria. Sucede en nuestros días.

PRIMER ACTO

Existe en cierto lugar del mundo una clínica veterinaria. Se trata de un edificio de poca altura pintado de amarillo, que consta de un núcleo central y de dos alas paralelas entre sí.

En esta clínica estudiantes de veterinaria, futuros profesionales, rumian la ciencia, curando a gatos y a perros. Los gatos y los perros los traen desde toda la ciudad porque en este lugar se les cura gratuitamente. Y si un animal tiene una enfermedad “interesante”, los estudiantes intervienen todos juntos, a “coro”.

Mentiréis si afirmáis que no existe esta clínica, que la he inventado. Sí que existe. Existe. Está al lado de mi casa. Yo mismo llevaba allí mis gatos para curarlos.

Y en esta clínica hay una habitación apartada. Se encuentra junto a la entrada trasera. Es una habitación normal. Aunque no tiene ventanas. Yo estuve muchas veces en esa habitación, la recuerdo muy bien.

En un tiempo, muchos años atrás, en esta habitación hubiera podido suceder esta historia. Puede ser que ocurriera… Quizá algunas cosas no sucedieron exactamente como las cuento y otras es probable que no ocurrieran nunca. No lo sé. Lo único que puedo asegurar es que Rimma, la veterinaria de la clínica, murió.

En realidad se llamaba Irka Lápteva. Fue ella quien en la puerta de entrada de mi piso escribió en algún momento: “Eres tonto”. Rimma, la veterinaria, ha muerto. Irka Lápteva-Rimma ha muerto… Ya no se encuentra en el mundo.

Mentira. Ahora al escribir estas líneas ella está detrás de mí: con una bata blanca, pantalones de andar por casa, zapatillas de deporte. Tiene una cicatriz en un labio. Está detrás, sonríe y me susurra: “Pero no mientas, tonto…”

***
Se oyen a lo lejos unos soldados desfilando. Cantan.

Cantan con voces roncas y ásperas. En un principio se oye sólo el estruendo de las botas golpeando el asfalto. Más cerca, más cerca… Se oyen las voces cada vez más altas, más altas… Gritan a pleno pulmón, pobres…

Y de repente, ¡una orquesta! Instrumentos de cobre, tambores… los alegres y limpios compases celestiales de “La despedida de la eslava”*…

La habitación de la clínica veterinaria. En las paredes cuelgan varios carteles, rotos, sucios, plagados de moscas. En ellos se muestran dibujos de vacas, perros, gatos, caballos. Incluso hay un elefante en un cartel gris. Y hay flechitas que indican dónde está situado cada órgano y la manera de cortar cada animal.

En medio de la habitación, dividiéndola en dos partes, se encuentra un armario negro. Detrás de él, en un rincón vive la perra Lanka y sus cuatro cachorros. Lanka es enorme, como un becerro, es de raza “mastín moscovita”. Está allí tumbada, suspira como un ser humano, se revuelve y respira.

Al otro lado de la habitación hay un sofá. Junto a él, una mesa. Su superficie está cubierta con las hojas de un periódico. De un clavo cuelgan batas y prendas de abrigo para el trabajo. Una puerta, la que da a otras dependencias de la clínica, es de color verde, la otra, en un rincón de la habitación, la que da a la calle, está pintada de negro.
El techo de la habitación está sucio, agrietado, con telarañas…

Al lado del sofá, en un taburete hay una lámpara. Con ella se ilumina la vivienda de Rimma. También hay una silla, otros dos taburetes y… nada más.

Son las diez de la noche. En el sofá está sentada Nina. Junto a sus pies, en el suelo hay una maleta lujosa de color marrón. Nina es una mujer de cerca de 30 años, demasiado pintada, demasiado llamativa. Está sentada en el sofá, mira en todas las direcciones con asco, a veces se arregla el pelo con nerviosismo, a veces hurga en la maleta. Rimma lleva una bata blanca, pantalones de deporte azules con una banda blanca, zapatillas deportivas. Está sentada en la silla, le cuelgan sus manos enrojecidas por el trabajo, examina a Nina. Dice alegremente:

RIMMA. ¡Sabes que sueño he tenido! He soñado que me colocan en un ataúd. Me empujan allí directamente dos tipos fuertes, oscuros, malencarados… Y yo trato de incorporarme una y otra vez y digo: Tengo puestos calcetines nuevos. ¡Quitádmelos, quitádmelos! Digo: en el ataúd ya me da igual, así que ¡quitádmelos! Digo: allí en el armario, en la mochila, hay otros a rayas, viejos, con la goma ya dada de sí! Esos, digo, tienen la goma más floja, ¡venga! ponédmelos y quitarme estos ¡quitádmelos! Y mira: no me quedé tranquila en el ataúd hasta que no me cambiaron los calcetines… (pausa). Así que ya ves que el sueño resultó ser realidad.
NINA. ¿Y eso?
RIMMA. Bueno… Pues, tú has venido.
NINA. (hurgando en la maleta.) Tú sigues en tu papel de siempre. Me alucinan tus ocurrencias.
RIMMA. (alegremente.) Ordeñé la vaca, la leche está en el cubo encima del armario. Lo escondí arriba para que Lanka, esa piojosa, no se lo bebiera… (Lanka gruñe.) ¿La oyes? No le gusta que hable así. Es una glotona, es un estómago con orejas ¡me faltan palabras! Y no lo digo por la comida, sino porque va a reventar un día. Y si la espicha, yo la seguiré. En el acto. Pero bueno… Está bien que hayas venido, nos manejaremos bien ¿verdad? Quería tener a alguien para preguntarle una cosa. Siempre quise saberlo ¿qué es eso de lo que hablan en la radio de la mañana a la noche: “ter-nar-tir”?
NINA. (asombrada.) ¿Qué farfullas?
RIMMA. Eso que dicen: “ter-nar-tir”, “ter-nar-tir”… ¿Qué es eso? ¿Puedes explicármelo?
NINA. ¿Pero… de qué me estás hablando?
RIMMA. (irritada.) ¡Pareces simple como un cubo! ¿Cómo no me entiendes? Siempre repiten lo mismo: “¡Compañeros! ¡Necesitamos ter-nar-tir! ¡No podemos seguir sin ter-nar-tir!” (Pausa.) Y eso ¿qué es?
SILENCIO.
NINA. ¿Será “alternativa”?
RIMMA. ¡Sí! ¡Eso es! Eso: ¡“iva”! Sí. Y eso ¿qué es?
NINA. (se ríe.) ¡Dios mío! Se le pegó eso de “tir-nar-tir” y ahora me tortura con ello… Rimma, que sepas, que alternativa, eso es cuando hay muchas variantes de algo. Varias variantes ¿tiendes? ¡Vaya cosa! ¡No conoces esa palabra! ¿Eres tonta o te lo haces?
RIMMA. (suspirando.) Qué le vamos a hacer si soy tonta. Pues no, no conozco esa palabra. Siempre se aprende algo nuevo. A partir de ahora la sé. Anda… Quién lo iba a decir. Si era eso. Varias variantes. (Pausa.) ¡Venga!
SILENCIO.
NINA. ¿Qué?
RIMMA. ¿Las tareas están claras? ¿Los objetivos están marcados? ¡A trabajar, compañeros!
NINA. ¿Qué quieres decir?..
RIMMA. A mí me revienta hacer las cosas de casa. Anda, tú recoge todo esto. Yo voy a liarme con la vaca y con el potro.
NINA. ¿Cómo que te vas a liar?
RIMMA. Que voy a echarles de comer. ¿Qué pensabas? Hago de todo: la mitad del tiempo ejerzo de vigilante, la otra mitad de peón, y el resto de veterinaria. Tenemos una vaca, un potro. Tenemos aquí todo un zoológico. ¡Vivimos bien! (Se ríe.) Incluso hay conejos. Corderos, tres piezas. Yo soy la cuarta. (se ríe.) Necesitamos a los animales para las prácticas. Aquí los estudiantes aprenden a hacer operaciones. Lo que se llama el proceso de aprendizaje. ¡Ahora voy a empezar el proceso! Me cargo una coneja en tu honor, la cocemos. Mañana simulo que la coneja la espichó por la noche, no superó el proceso de aprendizaje, murió en el parto… Y que la hemos desechado. ¡Que se vaya a tomar por culo la jodida coneja! ¿No? (se ríe.)
NINA. ¡Ay-ay-ay! No hagas eso para mí. Déjala en paz, deja que viva el pobre animal.
RIMMA. ¡Mira esta! ¡Pero bueno qué pasa! Tengo pan, tengo vodka… ¿Con qué lo vamos a acompañar? ¿Con un trozo de manta? Y además tengo que echar de comer a Lanka, no sólo a ti. De cualquier forma hubiera iniciado hoy las prácticas con la coneja. Y tu tía me quieres cortar el rollo. ¡Estaría bueno!
NINA. No, no, déjalo. Mejor me voy a la cama sin comer, mañana me acerco a la tienda, compro algo. Tengo dinero. ¡No, no!
RIMMA. ¡Déjate de tonterías! ¡Ya nacerán más! ¡Orejas y rabitos nos sobran!
NINA. ¡Qué horror, qué salvaje eres! ¿Estás loca? Haz el favor de dejarlo. No estoy acostumbrada a esto. ¡Te lo ruego!
RIMMA. Calla, no digas bobadas. Los objetivos están marcados. A trabajar, compañeros. Voy…
NINA. (Asustada.) ¡Espera! ¿Pero… voy a tener que pasar la noche aquí?
RIMMA. ¿Y dónde si no?
(Pausa. Nina se sienta. Escudriña la habitación.)
NINA. ¿Estás trastornada?
RIMMA. ¿Yo?
NINA. No, mi tía. (Pausa.) Entonces ¿qué pasa? ¿Vives en esta pocilga?
RIMMA. No, aquí solo recibo a las visitas. ¿Dónde voy a vivir? ¿Qué es lo que no te gusta de este sitio?
NINA. ¿Pero… no tienes un hogar?
RIMMA. No. En teoría vivo en el piso de mi madre. Pero estoy aquí. La vieja me echó. Es tonta, mi vieja. Dice que yo sola puedo vivir allí, pero con la perra que me busque la vida. Me dice que sacrifique a la perra, que entonces me acoge. ¡La mandé a tomar por culo!
NINA. (escandalizada.) ¡Qué cosas dices! ¡Madre mía!
RIMMA. ¡O padre mío! Quiero ponerla un pleito y conseguir que tenga que cambiar su piso por dos pequeños. Y si no lo gano, me trae al fresco, que le den a ella y a su piso.
NINA. ¡Qué horror! ¡Cómo vives!..
RIMMA. (se sienta. Dice perpleja.) Pero… vivo bien. Pronto celebraremos el Día de Revolución. Lanka parió cuatro. Ahora puedo conseguir que me presten dinero. Voy a vender los cachorros y con lo que me den me las apañaré. Son de raza, tienen pedigrí, valen mucho. ¿Por qué no? Para mí Lanka es más importante que mi vieja. Querida Lanka: ¡cuántas veces me has salvado la vida!
NINA. (En voz baja.) Me parece que tú le das mucho al vaso…
RIMMA. (Frunciendo los labios.) A veces tomo algo, sí. Pero no molesto a nadie. Lo hago de manera discreta, sin montar broncas. ¿Y qué? ¿Iba a liquidar a Lanka por el piso y por la vieja? ¿Eh? No pasa nada. Vivo aquí. No está mal. No puedes comer un huevo frito sin antes romper el huevo ¿no? Pero cuando estuve a punto de ahogarme, no había bebido, estaba sobria. Me dio un calambre en la pierna. Y Lanka me sacó del agua. Y eso que tengo un diploma de natación, no te vayas a creer.
NINA. ¿Flotabas en la mierda?
RIMMA. Te he escrito varias veces sobre eso. Qué me gustaba la natación. Ahora es verdad que lo dejé. ¿Pero recuerdas que en el colegio se me daba bien lo de nadar?
NINA. (En voz baja, insistente.) Pero tú misma me escribiste que viniera cuando quisiera, que me ibas a recibir bien…
RIMMA. ¿Y que estoy haciendo? Voy de un lado a otro comprando bebida. ¿Cómo quieres que te reciba?
NINA. No sé.
RIMMA. Cada cuál tiene su manera de vivir. Dime ¿qué quieres que haga? Yo soy así, ya es tarde para cambiar. He recogido la habitación, la he limpiado…
NINA. ¿A esto le llamas tu limpiar?
RIMMA. (Escudriña la habitación, el techo, quita con la mano las migas de la mesa.) ¡Tranquilízate! Ya sabes lo que se suele decir, la guerra está bien si no te acaban matando.
NINA. ¡Madre mía! ¡Qué horror!
RIMMA. Calla. No me amargues la fiesta. Me voy…
NINA. ¿Dónde me puedo lavar? ¿y arreglarme?
RIMMA. ¿Lavarte? (Pausa.) A-a-ah ¡lavarte! El retrete está allí, al final del pasillo. Cierra la puerta con un palo, el pestillo está roto. Aunque no hace falta que cierres, estamos solas en la clínica. (se ríe.) Y el grifo está en el cuarto donde se opera. Pero sólo sale fría. Vamos, de paso te muestro cómo opero a nuestros hermanos pequeños, cómo funciona el proceso de aprendizaje. ¿Eh? ¿Quieres?
NINA. (asustada.) ¿De qué me hablas? ¿A qué te refieres?
RIMMA. A eso. Los chicos traen durante el día perros y gatos. La mitad, abandonados y enfermos. ¿Qué podemos hacer con ellos? Los traen aquí creyendo que los necesitamos. Pero esto no es ningún zoológico. Es una clínica donde los estudiantes hacen prácticas. Les aplico electrodos, en la espalda pongo el “más” y en la cabeza el “menos”. Acciono la palanca, les aplico corriente de doscientos veinte y … ¡zasss! ya no están. Y al contenedor. (se ríe.) ¡Oye! Hay gente que disfruta con esto. Igual a ti también te pone ¿eh?
SILENCIO.
NINA. (Tapándose la boca con la mano.) Pero chica, que horror ¿te cargas a los animales? ¿O he entendido mal? ¿Rimma?
RIMMA. Es que nadie más quiere hacerlo. Todos se lavan las manos. No quieren mancharse. Pero a mí me sirve. Los mastines abandonados los vendo a la policía, ahora tengo allí enchufe: ni siquiera me paran cuando me ven borracha. ¿Qué te pasa? (se ríe a carcajadas.) ¿Qué voy a hacer si toda esa pandilla de gallinas no se atreve a hacerlo y a mi no me importa? Yo no tengo problemas. ¿Qué hay de malo en eso? Es un trabajo como cualquier otro. Bueno, ven y lo verás por ti misma. Vamos, vamos…
NINA. No, no. Hazlo tú, a mí me da náuseas.
RIMMA. Vale. Pero entonces, tu recoges la habitación.
NINA. Vale, vete tú. Yo recojo. (se sienta en el sofá tapándose la boca con las dos manos.)
RIMMA. Entonces… Ya he hecho esto, lo otro... (Se palpa los bolsillos de la bata.) Ahora vuelvo. ¡A trabajar, compañeros! Ahora vuelvo. (Se dirige a la puerta, se da la vuelta, dice alegremente.) ¡Qué bien que has venido! Bueno… Me voy.
Se va corriendo.
Nina al quedarse sola suspira profundamente, se muerde el labio. Vuelve a examinar la vivienda de Rimma. Recorre la habitación y echa un vistazo detrás del armario. Lanka gruñe. Nina se aparta de un salto. Decide investigar dentro del armario. Se asusta cuando al abrir la puerta, las botellas vacías que lo llenan a rebosar, caen con estrépito al suelo. Nina trata de sujetarlas pero en vano. Vuelve a sentarse en el sofá, vuelve a examinar la habitación. Pero no hay mucho que ver.
NINA. ¡Qué horror en lo que se ha convertido esta Rimma! Parece un híbrido entre bulldog y rinoceronte… ¡Qué manera de abandonarse! Dios mío, ¡diploma de natación, dice! ¡Y se queda tan contenta! Vaya sitio, Nina, en qué ratonera te has metido. ¡Que pesadilla!
Enciende y apaga varias veces la lámpara. La habitación se ilumina y se oscurece de manera intermitente.
Nina vuelve a suspirar, empieza a buscar algo en su maleta. Saca jabón, toalla, pasta de dientes, cepillo y una bata. Recorre la habitación y una enorme sombra se arrastra tras ella por la pared. Nina se quita el vestido y comienza a ponerse la bata.
En la puerta aparece Vitali. Tiene cerca de 30 años. Es un tipo grueso, con granos en la cara y tiene una pinta desastrada. Lleva un jersei rojo y pantalones a rayas, arrugados. Abre la puerta de una patada como si fuera el dueño. Nina lanza un chillido con todas sus fuerza, salta al sofá, se cubre con la bata a medio poner.
¡No se puede! ¡No se puede! ¡¡¡No se puede!!!
Vitali pone los ojos a cuadros, sale y cierra la puerta. En seguida golpea la puerta con los nudos de la mano. Nina, con rapidez, mete las manos en las mangas de bata y termina de ponérsela.
¿Quién es? ¿Eh?
VITALI. (entreabre la puerta, mete la nariz.) Pido mil perdones. ¿Dónde anda la Rimma? ¿Está aquí?
NINA. ¿Quién?
VITALI. La Rimma. ¿Dónde está?
NINA. ¡La Rimma!
Vitali entra. Sonríe con expresión bobalicona.
Detrás de él entra Maxím. lleva una gabardina azul. Es alto, delgado, moreno. Da la impresión que ambos están algo alegres…
VITALI. De nuevo pido mil perdones. ¡No esperaba encontrarme con esto! Por eso metí la pata. ¡Oye! Esto le puede ocurrir a cualquiera. ¿Y dónde se ha metido Rimma?
NINA. (mosqueada.) Fue a liarse con el potro. Volverá pronto.
VITALI. (Se ríe a carcajadas, señala con el dedo a Nina y dice a Maxím.) Ji-ji-ji… Liarse con el potro, qué bien. Pero igual el potro no está por la labor. Ji-ji-ji… (se ríe.) Soy Vitali. Y este es el Maxi. Mi colega. Ji-ji-ji…
Ambos hacen reverencias a Nina. Esta asiente con enfado.
MAXÍM. Maxím. (vuelve a meter las manos en los bolsillos, parece que oculta algo en ellos. Deja vagar la vista por el techo y por la habitación.)
NINA. Me parece que aquí todo está ya cerrado. ¿Qué andan buscando?
VITALI. ¿Y usted es su hermana?
NINA. ¿De quién?
VITALI. ¿De quién va a ser? ¡De Rosa Luxemburgo!
NINA. ¿De qué Rosa?
VITALI. JI-ji-ji… Es broma. Humor. ¿Hermana de Rimma?
NINA. No, amiga. O mejor dicho, conocida.
VITALI. (mirando a Nina grita con todas sus fuerzas.) ¡¡¡Lanka!!! ¡La-a-a-nka! Me había olvidado de ti.
Se pone a cuatro patas, se dirige hacia armario.
Canturrea.
Lanka… Ven aquí. Da un beso a tío Vitali. ¡Venga!
Lanka gruñe amenazadoramente. Vitali retrocede, se levanta, se sacude las manos y las rodillas.
¡huy huy! ¡Vaya perra! No me quiere. Seguro que un día me va a arrancar la cabeza. La temo pero me enrollo con ella. ¿Por qué? Se lo voy a decir. Porque Rimma es mi colega. Pero esta perra –con perdón, pero es una perra– una vez me mordió. Toma asiento, Maxi, no te cortes, que ahora vendrá Rimma. La esperamos… Sí, de veras, una vez me mordió. Una vez que nos cocimos Rimma y yo, empecé a declararme a esta sucia perra, y me mordió en el moflete. Es decir, en la cara. Mirad: me quedó esta cicatriz en el labio. Así fue. Cuidado con ella. (Pausa.) ¿Dónde se ha metido la Rimma? ¿Aquí? ¿Allí? ¿En el centro? ¿Adentro?
NINA. (con enfado fingido muestra con el dedo la puerta verde.) Adentro.
VITALI. Adentro. O.K. Espera aquí, Maxi. (se dirige a Nina.) Cuide de él. Es banquero. Sin él estamos perdidos. Ahora ella nos buscará un chucho y todo arreglado. Mil perdones otra vez. Espera aquí. Ji-ji-ji…
Se marcha rápidamente.
Se quedan solos Nina y Maxím. Detrás del armario Lanka se revuelve, se oyen gruñidos, los cachorros chillan.
SILENCIO.
MAXÍM. (Tose de manera forzada.) ¡La de veces que he pasado al lado de esta ruina sin saber de qué se trataba… Es grande el edificio. ¿Es una clínica? ¿no? Ahora sé dónde traer a mi gata si se pone mala.
NINA. Sí, es una clínica. ¿Pero… no es un poco tarde para las visitas? Para venir de excursión a la clínica, ¿no es demasiado tarde? ¡Ya veo que su colega es asiduo a esta… esta pocilga! ¡Ya veo que con tipos como ustedes se emborracha Rimma!
MAXÍM. ¡Eh, un momento! Yo, es la primera vez que vengo.
NINA. Ahora que ya conoce el camino, lo hará con más frecuencia. No me cabe la menor duda. ¡Ni la más mínima! (hurga en la maleta.) Aquí cerca parece que venden alcohol ¿no? Y resulta más cómodo beber aquí que entre los arbustos ¿no? Y esta Rimma… Ya veo que es una alcohólica habitual, que deja entrar a cualquiera. Vaya tipa. Así que vive aquí aposta junto a la entrada. ¡Qué sinvergüenza! ¡Qué bajo ha caído! Ya veo hasta dónde se puede llegar. ¡Es incapaz valerse por sí misma! ¡Qué asco! ¡No lo soporto! ¿Entendido?
MAXÍM. A mí no me meta en esto. Que yo no tengo nada que ver. He venido sólo por un perro. He venido por primera y última vez. Quiero pillar un perro. Sólo eso.
NINA. ¿Qué piensa que es esto? ¿Una tienda de mascotas? ¿Con horario nocturno? No mienta. ¿Acaso cree que no veo la botella en su bolsillo? ¿O me va a decir que lleva un libro de Pushkin? ¿O se trata de limonada? Con esa pinta de persona formal y dándose a la bebida… ¡Qué sinvergüenzas y depravados son los tipos como ustedes! ¡no tienen ningún freno ni moral!
MAXÍM. (Ofendido.) Eso no es verdad. Lo que dice no tiene ni pies ni cabeza. Mire, Vitali es vecino mío. Compré una dacha en el campo. En primavera. Y usted bien sabe que ya es otoño y como en invierno voy poco, tengo que vigilar la casa. Y para ello necesito un chucho ¿sabe? Porque por la dacha rondan ladrones. No puedo ir allí cada día. Tardo una hora de ida, otra hora de vuelta y los trenes de cercanías van a paso de tortuga. Es una casa grande, con chimenea, tres habitaciones. Sería una pena si algún descerebrado le da por prender una cerilla. Me he endeudado para comprarla. Vitali pasó hoy por mi casa y me dice: necesitas un perro para la dacha y hacerle una caseta para combatir el frío. Él vive en el piso séptimo y yo en el bajo. Por eso nos vemos a veces, charlamos. Pensé que igual tenía razón. Me dijo: coge una botella y vamos, allí podemos conseguir el animal que necesitas. No sé, comprarlo o… Así que usted no tiene por qué hablarme de esa manera. No soy ningún degenerado ni ninguna esponja. No.
SILENCIO.
NINA. ¡Dios mío! ¡Eso espero! ¡Que no sea una esponja! ¿Cuál es su nombre? Lo he olvidado.
MAXÍM. Maxím.
NINA. Maxím, Maxím… ¡Qué nombre más bonito, es precioso! Y usted tiene una mirada noble, abierta, honrada. Necesita un perro para la dacha… Claro, claro. Los ricos tienen sus antojos. No está prohibida la buena vida. Maxím, Maxím… Un verdadero hombre con dacha e incluso con chimenea ¿no? Entonces ¿tiene dacha? Cerca de una aldea ¿no?
MAXÍM. Pues, sí.
NINA. ¡Ah! Sí, sí… Espere un momento. No se vaya, tengo que hablar con usted. ¡Un pequeño asunto! Voy un momento a lavarme. Acabo de llegar, sabe… (Nina se transforma, empieza a sonreír, se arregla el pelo.) Maxím. Maxím. Maxím… seguro que va a echar una mano a una chica, y no la va a dejar en estacada ¡no me va a hacer esta putada! (se ríe.) Me llamo Nina. ¿Todavía no se lo he dicho? ¡Oh-lá-lá! Ahora vuelvo. En seguida. ¡Sólo un momento! ¡Un momento! ¡Momento mori! Que traducido de manera libre al ruso quiere decir: llevo toda la vida buscándole. Es decir, desde ayer, incluso desde la tarde de ayer… ¡Un momento! ¡Momento mori! ¡Un momento!
Con risitas, moviendo las caderas se desliza tras la puerta verde recogiendo un vestido con lentejuelas, jabón, cepillo, toalla.
Maxím está sentado en una silla, gira la cabeza. Apaga y enciende varias veces la lámpara. Ahora oscuridad, luego luz…
De repente se abre bruscamente la puerta de entrada a la casa. Un oscuro viento otoñal se pasea por la habitación trayendo consigo desde la calle papeles sucios y hojas amarillentas… Por la puerta se ve un fragmento del cielo con estrellas que brillan.
Maxím sobresaltado se levanta, cierra la puerta. Mira a Lanka. La perra gruñe. Maxím se aprieta contra la puerta negra, sin poder desviar los ojos de la perra. Se ha asustado mucho.
Rápida y alegremente entra Rimma. Con ella viene Vitali. De una patada han abierto la puerta verde.
VITALI. Rimma, presta atención… Allí hay un perro que le puede venir bien a este. Ya he visto el chucho. ¿Eh? ¿Nos lo vas a dar? Quiero decir: ¿se lo das? Tenemos bebida de la buena…
RIMMA. (Mirando a la habitación.) ¿Dónde está tu colega?
VITALI. Andaba por aquí… Allí está. ¡Maxi! Esta es Rimma. ¡Te la voy a presentar!
Rimma vuelve la cabeza, ve a Maxím. y retrocede aterrada, se esconde jadeando en un rincón.
RIMMA. No… No… No… ¡¡¡No!!!
SILENCIO.
Vitali y Maxím también se asustan. Están como petrificados en diferentes rincones de la habitación apretándose contra las paredes.
VITALI. ¿Rimma? ¿Rimma? ¿Qué te pasa, tía? ¿Te ocurre algo? Es Maxím, mi colega. No es ningún poli. ¿Qué te pasa?
Silencio.
Rimma se acaricia la cara, pone una sonrisa forzada, se acerca a Maxím.
RIMMA. Me pareció… Me pareció… No, sólo me pareció. No, no…
MAXÍM. Hola. Me llamo Maxím. Me da miedo su perro.
RIMMA. ¿Quién?
MAXÍM. El perro… me mira de una forma que me impide moverme.
RIMMA. (Después de un rato de silencio.) Lanka, tranquila. ¿Maxím?
MAXÍM. (Mirando de reojo a la perra se acerca a la mesa.) Maxím.
RIMMA. (Empieza a reírse a carcajadas.) Maxím… Maxím.
Se ríe. Vitali también, a pleno pulmón, golpeándose las rodillas. Maxím también se echa a reír.
VITALI. Vaya susto. Vaya espectáculo que nos has dado. ¿Qué te pasó? ¿Por qué te gusta tanto asustar a la gente? ¿Eh? ¿Rimma? (se ríe.)
RIMMA. Pensé en algo. ¿Qué le voy a hacer?.. (Rápidamente.) Allí, en un edificio, en la quinta planta vive un vampiro. ¿Ves esta pequeña marca roja que tengo en el cuello?
VITALI. (Deja de reírse.) ¿Y?
RIMMA. Pues por la noche vuela y me chupa la sangre… Y este tipo se parece mucho a él.
VITALI. ¿A quién te refieres, joder?
RIMMA. A Maxím este colega tuyo. Sólo que el vampiro es calvo y tiene una cicatriz en la frente.
Pausa.
VITALI. ¡Acabáramos! ¿Un vampiro pequeño? Eso me suena. Pequeñito ¿no? ¿Calvo? ¿Y con una verruga en la nariz?
RIMMA. Ah… ¿Le conoces? ¿Allí, en la quinta planta?
VITALI. Ya-ya-ya. ¿Quién no le conoce? Aquí en el barrio ya nos ha chupado sangre a todos, ya estamos pensando en denunciarlo a la poli. ¡Estamos hartos de ese cabrón! (se ríe guiñando un ojo a Maxím y tocándose con gesto expresivo la sien con el dedo.) Ya-ya-ya. Me suena, me suena. ¡Qué tipa más imaginativa tenemos aquí! (se sienta a la mesa como si fuera el dueño de la casa y con su jersei se pone a limpiar los vasos.) ¡Parece de “Las mil y una noches”! Pobrecilla, todos los vampiros vuelan hacia ti… Eres como una antena que recibe toda la mierda. (Se muere de risa.) Venga, vamos a sentarnos a la mesa, brindemos, y el chucho será nuestro. (Se ríe.) Ji-ji-ji. ¿De acuerdo, Rimma? En seguida nos lo llevamos ¿vale? Maxi, venga, venga, vamos a la mesa, rápido. El cuerpo me pide líquido. Nos lo metemos en el gaznate ¡y que se joda el resto el mundo! No la hagas caso, Maxi, no la hagas caso. Aquí a veces nos ocurren cosas parecidas. ¿No es verdad, Rimma?
Se sientan a la mesa, se ríen. Rimma no desvía la vista de Maxím. Él también la observa con prevención. Saca del bolsillo de la gabardina la botella, se sienta, desvía la mirada.
MAXÍM. No se preocupe. Me gustan los animales. Estará en buenas manos. También tengo una gata. Está siempre paseando a su aire. Vivo en un bajo. En la dacha estará contento. Le construiré una caseta. No se preocupe…
VITALI. (Abre la botella con los dientes y sirve.) ¡Qué coño va a preocuparse! Hoy podría acabar sus días el pobre bicho. Tú le vas a salvar la vida.
MAXÍM. ¿Por qué me mira de esta manera?
RIMMA. Fíjate… ¿Es posible que me haya confundido?
VITALI. Rimma, Rimma… No te hagas líos en la cabeza, bebamos, charlemos. Traga rápida ¡venga! Ji-ji-ji…
RIMMA. ¿Seguro que este no es un vampiro?
VITALI. ¡No seas pesada! Ya te he dicho que no. ¿Acaso me crees capaz de traerte a un vampiro? ¡Vaya concepto que tienes de mí! ¡Bebe, bebe y charlemos!
RIMMA. Dile que se tire del pelo. Venga, rápido, rápido, ¡díselo!
VITALI. Rimma, ¿para qué? No sé lo que pretendes. Pero bueno… si yo incluso he comprado una botella… he venido aquí sólo para…
RIMMA. “Yo, yo”… Tú dile que haga lo que digo.
VITALI. ¿Pero para qué coño quieres que haga eso?
RIMMA. Joder ¡porque puede llevar peluca! ¡Venga! ¡díselo! (lanza un chillido Rimma. Lanka ladra.)
VITALI. ¡Quieta! ¡Tira tú misma! Joder.
MAXÍM. (Mientras mastica y traga rápido un trozo de pan, dice) ¿Acaso parezco… tengo pinta yo de ser un vampiro? ¿Tan feo soy? Se equivoca…
SILENCIO.
Si se empeña, tíreme del pelo, por favor. Pero me da risa.
Inclina la cabeza hacia Rimma. Ella mira la cabeza. Le toca ligeramente el “remolino” de pelo de la parte superior de la cabeza.
RIMMA. (a Vitali.) Mira, este tiene dos “remolinos” en el pelo ¿ves?
VITALI. ¿Y qué?
RIMMA. ¿No sabes que eso quiere decir que es una persona de suerte? Nunca he conocido a gente que tenga suerte. Ahora por lo menos tengo esa oportunidad. Bueno, déjelo ya, puede levantar la cabeza… Veo que no es peluca. Es de pura cepa.
Maxím levanta la cabeza. Mira a Rimma.
MAXÍM. ¿De pura cepa?
RIMMA. De pura cepa.
Los tres se ríen alegremente. Levantan sus vasos y brindan.
VITALI. (Riéndose, a Maxím.) ¿Has visto qué tropa vive aquí? ¿Eh, Maxi? Rimma es nuestra colega. ¡Está siempre dispuesta! ¡Día y noche! ¡Bebamos por nuestro trato! Rimma ¿tienes un mendrugo de pan? Vamos a “esnifarlo”.
RIMMA. Aquí lo tenéis. También leche. Me he cepillado un conejo, pero no me ha dado tiempo a despellejarle porque tú has venido. Cocerlo tardaría una hora. ¿Te pongo leche? Es fresca.
VITALI. (se ríe.) ¡Pero qué dices! ¿Vodka con leche? Eso es una blasfemia. No tiene ni pies ni cabeza, Rimma. ¿No lo entiendes? Vale, “esnifemos” un mendrugo de pan y ya está. (Canturrea con el vaso levantado.) ¡Venga, venga!
Se ríen. Beben.
(Come pan, las migas caen al suelo.) Maxi ¿a que te pone Rimma? ¿A que es resultona? (canturrea una conocida canción de opereta popular)
RIMMA. (come pan.) ¡Vitali, te voy a dar un sopapo!
VITALI. Déjate de bobadas, no te mosquees. Todo va bien ¿eh, Rimma?
RIMMA. Te estás pasando.
VITALI. Rimma y yo somos uña y carne. ¿Quieres saber cómo nos conocimos? (grita a la perra.) Lanka, ven aquí, voy a contarlo.
RIMMA. Déjala que duerma.
VITALI. Yo quiero que estemos todos.
RIMMA. Déjala que nos oye desde allí. Cuenta. (Está comiendo.)
VITALI. Vale. No está toda la plantilla, pero lo cuento. ¿cómo nos conocimos? ¡Vaya historia! La cosa empezó así. Tenía yo una gata. Vivo en un séptimo. La gata cae: ¡plof! Al asfalto. Fue el año pasado. Estamos en vísperas de la fiesta del Año Nuevo. Las patas delanteras funcionan, pero por detrás arrastra el culo. ¿Entiendes, Maxi? Pues eso… Y gime: miau, miau, miau… ¿Y qué hacer con ella? ¿Tirarla a la basura? Porque está claro que ya le queda poco. Ya es sólo mitad de una gata. ¿Entiendes, Maxi? Pues eso… Yo te cuento lo que hice y tú a ver si me entiendes bien. ¿Por qué lo digo? Porque puedes pensar que soy… etcétera ¿no sé si me entiendes? Pues eso… Y mañana, mañana, resulta que viene el Año Nuevo.
RIMMA. (Comiendo pan.) ¿Cómo que el Año Nuevo? Mañana sólo es el Día de la Revolución ¿no?
VITALI. (después de un momento de silencio se ríe.) ¡Que no te enteras! Estoy hablando de cómo nos conocimos. Tú tranquila. ¡Déjame seguir! Entonces, mañana es Año Nuevo. Y no pega la gata. Es decir, tú me entiendes, Maxi. Mi hija se lanza contra la gata, no le gusta que chille. Me dice: “Papá, haz algo. ¿Por qué no para de dar gritos esta cochambrosa gata?” A mi hija le gustan los bichos. Pues eso… que me enteré de que por aquí había algo así como una clínica veterinaria para estudiantes o algo parecido, vete tú a saber… Vengo aquí de noche. Pienso: la dejo en la puerta y que ellos se apañen con ella. Veo que hay una luz. Entro. Aquí está Rimma. Me dice: Por una botella, a mí me dura el bicho siete segundos…
RIMMA. (Comiendo pan, a Maxím) Este cuando viene aquí habla, habla, habla como si fuera una radio, y yo escucho, escucho, escucho…
VITALI. (Se ríe.) ¡Cállate tú, transistor! Eso… Dice: te lo soluciono en seguida. Y aquí, ante mis ojos le pone 220 de corriente y - ¡zass! (Vitali enciende y apaga varias veces la lámpara.) Se acabó la gata. Sin problemas. No, no, no, espera Maxi, entiéndeme. ¿Por qué digo eso? Porque tú puedes pensar que soy un cabrón, que odio a los animales. Piensas eso ¿no? Si lo piensas te equivocas. ¿Por qué? Te explico por qué. Porque no es así, porque yo les quiero. Pero el Año Nuevo hay que celebrarlo, y esa no paraba: miau, miau, miau. ¿Ves? Pues eso… (dando una palmada.) La gata se calmó y nosotros, también… Es que yo la liberé ¿verdad? ¿No es eso lo que tú dices, Rimma? Eso es ¿no? Y que se jodan los demás. Rimma, dinos: ¿A ti, por ejemplo, te gustan los animales?
RIMMA. Me gustan. (Mirando a Maxím.) Lanka es nuestra cabeza de familia. Y yo para ella soy todo…
VITALI. (Se ríe y mueve la cabeza), ji-ji-ji… Bebamos. Y a mí me gustan. Y a Maxi también. A todos nos gustan. ¡Somos amantes de los animales!
Sirve vodka.
Marchan soldados. Se oye el estruendo de sus botas. Al principio en la lejanía, luego cada vez más cercano.
Así que Maxi, todo está en orden. Hay por aquí una buena pieza. Ahora Rimma nos la trae. Ya sabes Rimma esta botella es en pago por el chucho, así que todos conformes. Sólo queda empaquetarlo y listo. Luego no vayas diciendo que no te hemos pagado. ¿vale?
Marchan los soldados, haciendo ruido con sus botas por el asfalto.
MAXIM. (Asustado). ¿Qué es eso? ¿Qué pasa? ¿Es la guerra? ¿La guerra?
RIMMA. (Después de una pausa de silencio mira a Maxím). La guerra, sí, claro que es la guerra. La guerra de los rusos contra los esquimales... Aquí cerca hay una academia de tanquistas, antes se llamaba “Breznev” y ahora “50 años de perestroika”… Ensayan para el desfile, mañana es la fiesta de la revolución.
MAXIM. ¿Desfile? ¿sí? ¿un desfile?
VITALI. Callaros. Callaros… qué bonito ¡joder! que bonito… ¡Retumba! ¡Música-a!
Justo al decir él la última palabra, ¡estalla la música! Se oye “La despedida de la eslava”. Vitali y Maxím se ponen a golpear con las cucharas la mesa cantando a pleno pulmón. Rimma también tatarea. Lanka ladra a su vez con todas sus fuerzas.
Hay una risa salvaje general, alegría.
RIMMA. (Grita.) Callaros, callaros, callaros! Sabéis, hoy he tenido un sueño: dos tipos me meten en un ataúd, me empujan, me empujan dentro… Y yo llevo unos calcetines nuevos, sin estrenar… Les digo: “Cabrones, ¡traerme otros calcetines, que tengan la goma menos tensa, que esté más floja, –digo,– estos son nuevos, me da rabia llevarlos en el ataúd!..”
Vitali se ríe tanto que se cae de la silla. Maxím, cada segundo que pasa más perplejo, también se ríe.
VITALI. Rimma, ¡yo alucino contigo! ¡Eres un caso imposible! ¿Has oído lo de la goma, Maxi? ¡La jodida goma! ¡Go-o-ma!..
RIMMA. ¡Callaros, callaros! ¡Qué bien lo estamos pasando! ¿Queréis que traiga otra?
VITALI. (Finge que no entiende.) ¿Pero tienes? ¿Qué vas a traer?
RIMMA. La risa está bien pero no nos apaga la sed. (Vitali se muere de risa, Maxím pone los ojos de plato.) Digo que la escondí entre la paja donde está la vaca, tenía reservas, ¿la traigo? ¡Ahora mismo vengo!
Marcha corriendo alegremente, moviéndose el faldón de la bata. Vitali y Maxím se ríen.
VITALI. ¿Ves? Sólo hay que darla algo de cuerda, servirla un poco de líquido, y luego ella se encargará del resto: te emborrachará, puede llegar hasta a vender la clínica, ¡pero te aseguro que acabarás a cuatro patas!
MAXÍM. Pero ¿de qué lo lleva esa? ¿Es un tío o una tía? ¿O hermafrodita?
VITALI. (se ríe.) ¡Más bien parece hermafrodita! ¡No, para ser sincero no lo he comprobado, no te lo podría asegurar! ¿Por qué? Te lo diré: mejor preferiría meterla en un tubo de escape que hacérmelo con ella…
MAXÍM. No parece ni un tío ni una tía, es como una langosta desecada…
VITALI. ¿Ves? ¡Y tú no querías venir! ¡Como verás te estoy enseñando el verdadero trasfondo de la vida! Por cierto, ten en cuenta que de aquí no salimos hasta la madrugada. No nos dejará salir vivos de aquí. ¿Se lo has comentado a la parienta?
MAXÍM. No, no, yo tengo que volver a casa…
VITALI. ¡Pues olvídate de eso! Yo le he dicho a la mía ¡hasta la madrugada no me esperes! Si he venido aquí es para los restos. ¡Me tendrán que sacar en camilla, seguro! Es lo suyo.
MAXÍM. No, yo me quedo una media horita más y me voy. Es una tipa repugnante. Vestida con esos ridículos pantalones, con la voz ronca del alcohol… viviendo en medio de una montaña de basura. Seguro que es un foco de infección.
VITALI. ¿Qué infección?
MAXÍM. ¡Gonorrea, sífilis, peste bubónica! Da asco beber de estos vasos. ¿No te da grima?
Se ríen dándose manotazos en las rodillas.
VITALI. Pero en cambio ¡cuánta alegría! ¡Cómo nos lo pasamos! Charlamos… Aquí nadie se aburre.
Se abre la puerta verde. Entra Nina. Lleva un vestido largo con lentejuelas que casi arrastra por el suelo. Lleva una rosa prendida en el pecho.
NINA. ¡Op-pa! ¡Ya estoy aquí! ¡Veo que lo estáis pasando en grande! Maxím, ¿qué tal lo llevas, e-e-h?
MAXÍM. (Se levantó.) Todo en orden…
NINA. (Se sienta.) ¿Qué se come? ¿Qué se bebe? Yo también quiero un trago…
VITALI. ¡Nos has dejado de una pieza! ¡Vaya aspecto que tienes! ¡Qué elegancia!
NINA. ¿Qué? ¿A qué es resultón, verdad? (Se arregla las hombreras, come un poco de pan, mira a Maxím.) ¡Vitali, tome asiento! Usted no es ningún monumento, que yo sepa… (Se ríe.)
Entra Rimma volando, coloca en la mesa dos botellas de vodka y suelta del regazo de su bata varias zanahorias sucias.
RIMMA. (alegre y generosa.) Comed. He expropiado las zanahorias a los conejos. No hay otra cosa de papeo. Comed. ¡Ellos están saciados!
NINA. ¡Mírala, va cagando leches! Tranquila, tranquila, mete el freno…
RIMMA. (a Vitali.) ¡Sirve ya! ¡U-u! ¡Cuánta banda! ¡Esto sí que está bien! ¡Esto sí que me pone! ¡Es mejor cuando somos muchos! Esa responde por Ninka. Así la llaman. Es una vieja colega. Del colegio. Miradla, vino a verme. Se cumplió lo que soñé hoy. Distrajo algo de pasta y vino a esconderse aquí, es lo que le va…
NINA. ¿Estas delirando? ¡No desbarres más! ¡Calla, quieta, hija!
Mira con enfado a Rimma. Rimma cierra la boca rápidamente al darse cuenta que dijo algo no conveniente.
RIMMA. ¡Glup! Quise decir que viniste a verme….
NINA. (Sonríe a Maxím.) Atolondrada. Sigue como siempre. No ha cambiado. Estudiamos en la misma clase. Luego nos carteamos, una vez al año. ¡La vida nos separó! Mirad por dónde anda ella, y yo en cambio… para decirlo en pocas palabras: escribo versos… (Se enrolla un mechón de cabello en el dedo haciéndose la interesante.) “¡La música de Debussy me produce frenesí!..” (Saca de la maleta un vaso de plástico.) O este otro: “¡Salpica el ocaso rosado// Con sangre los verdes abedules!//¡Y el firmamento, tierno y escarpado//Derrama lágrimas azules!”… (se sienta a la mesa.)
VITALI. (aturdido.) ¡Me dejas pasmado! ¡Vaya tía!
RIMMA. (a Nina.) Este se parece a un vampiro… Cuando le vi dije: ¡este es el verdadero vampiro del quinto!
NINA. (Sonríe a Maxím.) ¿A un vampiro? ¡Sí, es total!
VITALI. ¿Versos? Así que es escritora…
NINA. Lo hago sólo para divertirme… Saben, el agregado cultural de Francia –somos íntimos, insisto: íntimos amigos– ­ me machaca continuamente: “Escribe, escribe, escribe, no malgastes tu talento!..” Pero yo no quiero forzarme. A veces me llega algo… Los versos vienen por sí mismos, es imposible trabajarlos. ¿No es cierto, Maxím? Usted se llama Maxím ¿no?
MAXÍM. Maxím.
NINA. Qué nombre más sencillo… Lo recordaré. No me mire de esa manera, Maxím… La verdad que es como un vampiro… Temo a las fuerzas del mal… Cuando estoy en las escaleras mecánicas del metro, siempre miro hacia abajo, nunca a los que vienen a mi encuentro ¿entiende? Por cierto le aconsejo a usted que haga lo mismo si algún día va a Moscú…
MAXÍM. (Sonríe.) ¿Y por qué? ¿Me puedo quitar la gabardina?
NINA. Por las brujas. Ellas miran a una persona y ¿cómo decirlo? Se apoderan de su energía, la acaparan, la chupan… ¿No tenía idea de eso? Sí, sí. Le pongo otro ejemplo. Salgo a la pasarela pero no puedo hacer nada, estoy como paralizada, no puedo mover ni las manos ni las piernas. Siento que en la sala hay una bruja. Y no hay remedio. Las piernas se me aflojan…
MAXÍM. ¿Sale a la pasarela?
NINA. Pues, claro. Trabajo de modelo media jornada. Se ponen pesados y me animan: debes hacerlo, debes hacerlo, con la figura que tienes… Así que tuve que rendirme… Yo además voy picando por aquí y por allá. Pero la pasarela me gusta más que otras cosas. Sales bien arreglada, todos te aplauden, y si en la primera fila veo algún potentado… ¡Ay!..
RIMMA. (Se ríe.) ¡Las mil y una noches!
VITALI. ¡Una escritora! ¡Brindemos! ¡Con escritores nunca he bebido todavía!
Beben. Vitali habla de prisa para evitar ser interrumpido.
Por cierto, que hace tiempo que quería beber con algún escritor. Quería contarle una historia para que la escribiese…
NINA. ¿Por qué me habéis puesto tan poco? Sólo se me quemó la garganta…
RIMMA. Tengo una más. Bebed, bebed. (Saca de debajo del sofá otra botella.)
VITALI. ¡Eh! Un momento. Voy a contar una historia. ¡Escuchadme! Os va a hacer llorar. Resulta que en una ciudad vivía, digamos, un joven ¿vale? Y deshonraba a muchas chicas… pido disculpas. ¡Eh! ¡Atentos! Ahora vais a llorar.
NINA. ¡Cuántas veces me han pedido una foto!
MAXÍM. ¿Para qué?
NINA. (Se ríe.) ¡Para alguna revista! ¡Para salir en portada!
VITALI. ¡Callaros! ¡Se os van a soltar las lágrimas! Pues veréis. Pues, este joven de que hablo decidió romper con su pasado, dejar de arruinar la vida de las chicas. ¡Y lo dejó! Y ya lleva un mes sólo. Seguía con ganas. ¡Pero lo dejó! Pero una vez va en autobús y de pronto -¡ahí va!- divisa a una chica. ¡Vaya chica está sentada allí en autobús! Tiene el pelo largo, rubio, le cae hasta las piernas. Lleva un ramo de flores. ¡Fijaros! El chaval no pudo resistir, se acerca. Empieza a vacilar con ella… Y resulta que le gusta ¿qué le vamos a hacer? Pero ella le dice: apártese de mí, si no lo sentirá. Él sigue a lo suyo, sin hacerla caso. Ella continúa sentada. El autobús completó su trayecto una vez, luego otra. Ella dice: no me levanto, váyase, luego va a sentirlo. Él no se va, continúa. Y al final ella dice: usted se lo ha buscado… Se leva-a-a-anta. ¡Se levanta ella! Él la mira: ¡Andá! ¡Le falta una pierna!.. Es decir la tiene pero es de pega, una prótesis…
Pausa. Todos se ríen.
Callaros, callaros, aquí no termina todo, ¡ahora vais a llorar! Pues ¿qué vas a hacer? Este chaval al final la siguió, a pesar de todo la siguió… Y luego hubo de todo entre ellos, también hubo amor… ¡Permitidme que os lo diga! Qué bien resultaría escribir una novela así ¿eh? ¿Me escucháis, joder? Con este comienzo. Luego vendría el amor y esas cosas… Y al final, al final del todo: un cementerio y la tumba de esta chica. Una tumba profunda! ¡Muy profunda! ¡¡¡Profundísima!!!
Se echa a llorar chocando su cabeza contra la mesa.
SILENCIO.
Otra vez se oye el paso sordo de un desfile militar. Se oyen las órdenes de los oficiales, el sonido de las botas retumbando en el asfalto. Lanka lanza un aullido y se calla de repente.
Vitali levanta la cabeza, las lágrimas corren por su cara.
Y luego ves las cosas que se escriben, ¡vaya bazofia! ¡De esto hay que escribir! ¡Del amor! ¡De la vida de verdad! Y esos escritores ¿a qué se dedican? ¿Qué escriben? Escritores de cloaca con la cabeza llena de mierda. Con perdón por hablar de la cabeza. (Se deshace en lágrimas. A Nina.) Tú dime sinceramente, sin diplomacia, dime: ¿te gustan los animales o no?
NINA. (Se ríe.) ¡Hasta perder la cabeza!
VITALI. Vamos, te voy a mostrar una vaca. ¡Vamos! Luego escribirás sobre ella. Qué vida más dura lleva la vaca aquí, entre nosotros, en su establo…
NINA. (se ríe.) ¡En su extrarradio!
VITALI. ¡Qué más da: establo o extrarradio! ¡Vamos, te la mostraré! ¡Quiero tanto a esa rumiante!
Se arrima a Nina, la soba. Todos están ya bastante bebidos.
NINA. (muriéndose de risa.) ¡Déjame en paz, cariñito! Te huele la boca.
VITALI. ¡Qué más da que huela! Venga. ¡Te mostraré la vaca!
NINA. ¿Qué es eso? ¿Es el nuevo nombre de una postura? ¡Ay! ¡Vete! ¡Ay!
VITALI. ¡La postura del loto! ¡O-m-m! ¡Venga, vamos, no te hagas la estrecha! Nunca en la vida has conocido una vaca: lo veo en tus ojos. En cambio yo vengo aquí por lo menos una vez a la semana. Me siento y observo como Rimma los agarra -¡zasss!- y ya no están… ¡Y tú no piensas en la muerte! ¡En cambio yo vengo! ¡Pienso! Me abrazo a la vaca, al potro. ¡Me atrae la tierra y eso que soy gente de ciudad!..
NINA. ¡Ah! A mí también me gusta la tierra. ¡Quiero tumbarme en cualquier lugar! (se ríe.) ¡Y este tiene dacha: a él también le atrae la tierra! ¿Y tú, cariño, tienes dacha o no?
VITALI. ¡Vamos! Tengo, tengo…
NINA. ¡Aparta tus manazas de mí, quiero seguir aquí!
VITALI. ¡Vamos, he dicho, vamos!
NINA. (Se levanta tambaleándose, emite pequeñas risitas.) ¡Ay! ¡Ay! Las piernas no me responden. Vamos, si quieres, vamos. Qué pelmazo eres… Se me pega como una lapa… ¿Me vigilas la puerta, tengo que ir al servicio, vale?
VITALI. (dando tumbos.) Si quieres, te sujeto la tapa del water…
NINA. (se ríe.) ¡Venga, vamos entonces! “¡La música de Debussy me produce frenesí!” Maxím, ¿estás aquí, no te irás? ¡Espera un poquito, cielito! ¡Ahora vuelvo! Sólo echo un vistazo a la vaca. ¡Hasta ahora!
VITALI. (arrastra a Nina de la mano.) ¡Vamos! ¡La vaca nos espera! ¡Ella no va a estar pendiente! ¡Vamos rápido!
NINA. (se cuelga de Vitali.) ¡Mu-u-u! ¡Mu-u-u! ¿Y tú estás casado? (se dirigen hacia la puerta.) ¿Tienes piso? ¿No te quieres casar conmigo? ¿no? Venga, cásate conmigo, igual lo necesitas ¿eh? Soy buena. ¿Casado o no?
Se van. Desfilan soldados.
Rimma y Maxím están sentados uno enfrente del otro. Están callados. Empieza a gruñir Lanka aunque pronto se calma.
RIMMA. Mira, ese nos estaba contando una novela ¿no? ¿por qué te reíste y por qué ella se rió también?
MAXÍM. Porque tenía gracia.
RIMMA. ¿Acaso era gracioso? ¿Una tía sin pierna, eso tiene gracia?
MAXÍM. Tiene gracia.
RIMMA. Y si alguien escribe sobre mí ¿también será gracioso?
MAXÍM. ¿Y sobre ti para qué van a escribir?
RIMMA. Mira: yo sueño con que alguien escriba sobre mí un relato o incluso una novela.
MAXÍM. (se ríe.) ¿Y un poema podría también ser?
RIMMA. Puede ser, puede ser si viniera al caso.
MAXÍM. ¿Para qué quieres eso?
RIMMA. Pues, para que quede algo. Mira: en un momento dado la palmo, así de sencillo ¿y no quedará nada? Pero con eso la gente leería, sabría que yo existí en algún tiempo, que viví, que hablé con los perros, que cuidé de la vaca… (Pausa.) No escribirán. Sobre lo agradable sí lo harán, sobre lo mío, no. Es que yo me doy cuenta de que llevo una mala vida. Y veo también que te doy asco. Y también veo que Vitali se ríe de mí… No soy tonta…
MAXÍM. (tras un momento de silencio.) Vaya, cómo has cambiado tu discurso…
RIMMA. Es que yo cuánto más bebo, más sobria me pongo…
MAXÍM. Humm… Otros beben para emborracharse, y tú en cambio…
RIMMA. Para ver todo con más claridad. No escribirán. No escribirán sobre mí. Nadie lo necesita. ¿Te cuento mi vida? ¿Quieres? Y tú se la contarás a otro, y ese otro al siguiente. Y de esa manera me van a recordar cuando me muera…
MAXÍM. Tú vas a vivir cien años más. ¿Por qué repites siempre eso “me muero, me muero”?
RIMMA. No. Lanka ya es vieja. Ella morirá, y yo en seguida, después de ella.
MAXÍM. Quítate eso de la cabeza.
RIMMA. Es cierto. Es cierto. Vamos a beber.
MAXÍM. Venga. Bebamos. Y nos pondremos un poquito más sobrios.
Beben. Permanecen en silencio. Otra vez se oyen los pasos de los soldados. Rimma apaga la lámpara. Se hace la oscuridad. Apresuradamente enciende de nuevo la lámpara. Apaga y enciende. Mira a Maxím. Sonríe.
RIMMA. ¿Casado?
MAXÍM. Claro.
RIMMA. ¿Tienes hijos?
MAXÍM. Niña. Hija. Una.
RIMMA. ¿La quieres?
MAXÍM. ¿A quién?
RIMMA. Está claro que no me refiero a tu mujer.
MAXÍM. A mi hija, la quiero mucho. La cuento fábulas…
RIMMA. ¿Fábulas?
MAXÍM. Fábulas.
RIMMA. Para eso puedes llamarme a mí.
MAXÍM. ¿Para qué? ¿Para que asustes a la niña?
RIMMA. No. Yo también te contaré una fábula. Conozco una. De Pushkin. “La fábula de la princesa muerta” se llama. ¿La conoces?
MAXÍM. La conozco. ¿Quién no la conoce?..
RIMMA. A ver ¡dime de qué va!
MAXÍM. Yo la he leído en un libro, de memoria no recuerdo…
RIMMA. Yo sí. Me la aprendí de memoria. Ahora te la recito. Haré de actriz ¿quieres?
MAXÍM. Venga…
RIMMA. Escucha. “El hermano mayor dijo: Duerme en el ataúd. De repente en la tierra, tu belleza se apagó, víctima del mal. El cielo recibirá tu espíritu. Fuiste amada por nosotros y guardada para un amor, y al final no fuiste para nadie, sólo para el ataúd”. (Pausa.) ¿Ves? No vayas a pensar que soy tonta…
MAXÍM. No lo he pensado…
RIMMA. ¡Un momento! ¡Para! Que esto no es todo. Mira: aparece el príncipe… “Bajo la montaña, hay una entrada oscura. Se dirige rápidamente allí. Ante él, en la melancólica penumbra, se balancea el ataúd de cristal. Y en este ataúd duerme la doncella en un sueño eterno…” Entonces, él se dirige hacia ella, la toma y la da un beso, y ella -¡zass!- vuelve a la vida. Así es. Ves que no soy ninguna tonta…
Enciende y apaga la lámpara.
(Sonríe.) Fíjate qué cosa… Siempre me produce asombro… ¿Cómo es esto: primero luz, luego oscuridad? ¿Qué hay dentro para que de repente se encienda? ¿No lo sabes?
MAXÍM. No lo sé. Depende de las leyes físicas. Tuviste que estudiarlas en la escuela.
RIMMA. Estudié y sin embargo no las sé…
MAXÍM. Yo tampoco.
RIMMA. (de repente.) ¿Nina es guapa?
MAXÍM. (asombrado.) No entiendo. ¿De qué me hablas?
RIMMA. A los tíos os gustan mujeres como ella. Que lleven vestidos brillantes ¿no?
MAXÍM. Es posible.
RIMMA. ¿A ti te gusta?
MAXÍM. Tal vez.
RIMMA. A partir de ahora ella vive aquí. Ven a vernos. Ven con Vitali. O sólo. A mí me viene a ver gente.
MAXÍM. ¿Viene gente a beber?
RIMMA. También a beber. ¿Y qué?
MAXÍM. Esto está muy sucio y atufa.
RIMMA. Eso es por la perra.
MAXÍM. Es lo mismo. ¿Cómo puedes vivir aquí?
RIMMA. Fácil. ¿En qué otro sitio si no? Mi madre no me quiere con la perra. Yo pasé de ella. Trabajé fuera de la ciudad en la granja de una fábrica… Allí viví en una pequeña casa… Luego… Me largué de allí. ¿Quieres que te cuente mi vida?
MAXÍM. ¿No me la has contado ya?
RIMMA. No. Aquí hay algo siempre que me aprieta. (golpeándose el pecho con la mano.) Me molesta. Bebamos.
Bebieron. Se oye la marcha de los soldados.
MAXÍM. ¿Y aquí dónde vais a dormir?
RIMMA. ¿Dormir?
MAXÍM. Quiero decir que no es este un lugar en condiciones para mujeres…
RIMMA. ¿En condiciones?
MAXÍM. No sé, con ducha, por ejemplo…
RIMMA. Ella se acostará aquí y yo me voy a echar junto a Lanka y los cachorros. Allí hace calorcillo. Me echo el abrigo…
MAXÍM. Me parece demasiado lo tuyo.
RIMMA. ¿Quieres más de beber? Tengo más. Acabo borracha cada día.
MAXÍM. Ya me he dado cuenta.
RIMMA. Así es mejor. En cualquier caso pronto moriré.
MAXÍM. Vaya sentido de humor el tuyo. Siempre dándole vueltas a lo mismo. Todavía eres joven, seguro que no tienes ni cuarenta.
RIMMA. Voy a cumplir treinta.
MAXÍM. Entonces más a mi favor.
RIMMA. Lanka tiene quince. Cuando ella muera, yo también. Ya no tenía que haber parido pero yo pensé: que tenga cachorros, igual va a vivir algo más. Y yo también voy a vivir más. Esa es la historia. ¿Quieres que te cuente mi vida?
MAXÍM. (Irritado.) ¡Vale, cuenta, venga! Y esos dos ¿se fueron para siempre?
RIMMA. (Sonríe.) La verdad es que ya te he contado todo. Pronto me echarán de aquí también, como de la granja… De momento me soportan porque no encuentran gente dispuesta a matar. Y a estos animales les siguen trayendo. Sobre todo en otoño cuando la gente vuelve de la dacha. Jugaron con ellos durante el verano y luego no saben dónde meterlos y los traen aquí. Yo les pongo en la cabeza el signo “más”, en la espalda el “menos”, les doy una descarga de doscientos veinte – y ¡zasss! – ya no existen. Hace un instante andaba por aquí algo alegre, gracioso, un pequeño minino blanco, - y ¡zasss!- y ya no está… ¿De dónde vino?, ¿adónde fue?, yo qué sé. ¿Dónde está ahora todo lo suyo? ¿Eh? (Pausa.) Yo trato de entender, pero no lo consigo. Ahora mismo estaba… aquí mismo, y ahora… ya no está. Está tirado en el suelo. Está frío. Y no puedes hacer que vuelva a ser lo que era. Ahora todo se pudre… ¿Eh? ¿Por qué pasa eso? En verano aquí había un cordero. Teníamos cuatro, ahora quedan tres. Pues, te digo que había un cordero. Le echaba de comer. Le daba de la mano. Azúcar. Se puso enfermo. Dicen: hay que sacrificarlo. Nadie quiere hacerlo. Yo le degollé. Le despellejé. Lanka dio buena cuenta de él. Estaba preñada, comía mucho. Es grande ¿has visto? Necesita mucho. Es un mastín. Vigila para que no me secuestren. Todo el mundo quiere secuestrarme… como conejos. Les cuido y luego me los como. Y luego los quitó del registro. Son muchos. Les pongo doscientos veinte, y a continuación les saco el pellejo como si fuera un calcetín… Los aso y me los como… La leche la ordeño de la vaca. ¿Ves ese cubo rojo? Es la leche que ordeñé por la mañana. Todavía no la hemos terminado Lanka y yo. ¿Quieres? ¿Te echo? ¿Quieres? Necesito un escritor para que escriba sobre mí, para que luego me recuerden… ¿Sabes?
SILENCIO.
Maxím tambaleándose se levanta, abre de par en par la puerta de la entrada. Jadea. Enciende un cigarrillo. Está en el umbral de la puerta, mira hacia la calle a las estrellas. Un oscuro viento pasea por la habitación arrastrando hojas amarillas.
MAXÍM. ¡Uf! ¡Qué miedo me das!.. ¡Qué gente hay en el mundo, santo Dios! ¡Uf! Qué atmósfera más cargada hay aquí, qué hedor…
RIMMA. ¿Te doy miedo? ¿Yo te doy miedo? ¿Por mi pinta?
MAXÍM. ¡No por tu pinta! ¡Por tu alma! Tu alma da miedo ¿no lo entiendes o qué?
RIMMA. (en voz baja.) En cambio tú sí que eres guapo. De pinta…
MAXÍM. ¡Uf! Qué mal huele.
RIMMA. ¿Te miras al espejo con frecuencia?
MAXÍM. Cada mañana…
RIMMA. Me da envidia.
MAXÍM. ¿Qué te da envidia?
RIMMA. Me da envidia la gente guapa. Sois felices.
MAXÍM. Antes me dijiste que parezco un vampiro.
RIMMA. ¡Te pareces muchísimo! (Susurrando.) Quédate aquí. En mi casa. Con ella. ¿No has notado cómo ella se te pega? ¿Te quedarás? Veo que ella te cayó bien. ¿No? ¿No es verdad?
MAXÍM. Y tú ¿de qué vas? ¿De alcahueta?
RIMMA. (Susurra.) Quédate… Yo te voy a mirar.
MAXÍM. Esta chica está perdiendo el juicio. Me está hipnotizando… ¿Estás mal? ¿Se te ha ido la olla?
RIMMA. Anda, quédate… Luego te voy a decir algo. Anda.
MAXÍM. (Se ríe.) Pues dímelo ahora mismo. ¡No te hagas la interesante!
RIMMA. (Permanece callada un rato, después dice.) Voy a apagar la luz y luego te lo diré.
MAXÍM. Venga, apaga y dime…
Rimma apaga la lámpara y en seguida vuelve a encenderla.
RIMMA. No. Me siento como en un ataúd. Me da miedo… Escucha… ¿No oyes?
MAXÍM. ¿Qué?
RIMMA. Ratas. No temen a Lanka. Es vieja.
MAXÍM. ¡Venga, dime! ¿Qué querías decir?
RIMMA. Las ratas no la temen.
MAXÍM. Te estoy escuchando. ¡Venga!
RIMMA. Tú emborráchate más, así no recordarás nada… Te traigo ahora alcohol de la sala de operaciones. Allí lo tenemos. Te lo traigo ¿vale?
MAXÍM. ¡Por Dios! ¡Dime para qué! Tengo que irme a casa ¿sabes?
RIMMA. Necesitas emborracharte más, de esta forma lo olvidarás todo… (se levanta, avanza hacia Maxím.) Quieres que nos lo hagamos tu y yo ¿quieres?
MAXÍM. ¿Qué, qué?
RIMMA. (Susurrando.) No temas, no te voy a contagiar. Bebe más ¡venga!
MAXÍM. ¡No me metas tus sucios vasos en la boca, no quiero! Esto ya es demasiado.
RIMMA. Venga. ¿Nos lo hacemos? Moriré pronto. ¿Nos lo hacemos? Soy virgen…
MAXÍM. ¿Quién es virgen? ¿Tú?
RIMMA. Soy virgen. No he probado.
MAXÍM. Ya te sale el vodka por los ojos. Te has pasado.
RIMMA. ¿Lo hacemos?..
MAXÍM. No me asustes, por favor…
RIMMA. ¿Lo hacemos? ¿Has probado a hacerlo con vírgenes?
MAXÍM. ¿Y a ti qué te importa con quien he probado?… ¡Virgen! No me hagas reír, me descojono… ¡Qué descaro! Seguro que ha pasado por ti un regimiento y encima te lanzas contra la gente… Recurre a Vitali… ¡Qué descaro! Nunca en la vida he tenido oferta como esta. Díselo a Vitali, te has equivocado de camino, virgen…
RIMMA. ¡Anda! ¡Vamos a hacerlo!
MAXÍM. Díselo a él. Ahora está follando a tu amiguita junto a la vaca, en el sucio establo. Él es un morboso y le gustan esas experiencias. Y a mí ¿qué me importan tus locuras? ¿No te avergüenza?
RIMMA. En absoluto. Me trae sin cuidado.
MAXÍM. Estás perturbada.
RIMMA. Soy virgen… ¡Lo hacemos, venga! Sólo prueba. Moriré pronto. Sólo consiento en hacerlo con alguien como tú… Y si no, no quiero a nadie… Nada más verte sentí como una descarga eléctrica…
SILENCIO.
(En voz baja, con enfado.) No te doy el perro… sólo si lo haces conmigo, te lo doy.
MAXÍM. ¡A-a-a! ¡Así es cómo te pagan! Ya entiendo…
RIMMA. Te digo que no te lo doy.
MAXÍM. ¡Escúchame, virgen! ¡Escucha de una puta vez! ¡Mírate al espejo, mírate desde fuera! ¿Sabes lo que eres? Eres un desecho, una escoria… ¿A quién te diriges con tus proposiciones? ¿A quién? ¿A mí? ¿Tú, virgen? ¿Tú que duermes con tu perro, que practicas el bestialismo? ¡eres un ser amorfo!
RIMMA. Las personas no se acuestan con los perros.
MAXÍM. ¡Las personas! ¿Acaso tú eres una persona? ¡Eres un mal bicho! ¡Una bestia! ¿Acaso te crees persona?
RIMMA. ¿No lo soy?
MAXÍM. Venga, basta, no me asustes… Déjame en paz, zorra.
RIMMA. Quédate.
MAXÍM. ¡Venga, me quieres dejar en paz!
RIMMA. (Coge una botella vacía.) He dicho que te quedes. Aquí, aquí, aquí.
Le amenaza con la botella. Maxím está junto a la puerta.
Te mato ahora y te quedarás aquí…
MAXÍM. Pero tu estás loca ¿de qué vas? Vengo a por un perro y esta tipa me propone que me cruce con ella… Está totalmente trastornada, totalmente… ¡te he dicho que me dejes!
En la habitación aparece corriendo Nina, se deja caer en el taburete, se echa vodka en un vaso y bebe.
NINA. Ese gilipollas me arrugó el vestido… ¡Maxi! (con voz melosa.) ¿Eh, Maxi? ¡Quiere ligar conmigo! ¿Me escuchas, Maxi? Pero yo paso de tipos como él. Maxi, ven aquí a la mesa, tengo algo que decirte. Ven, Maxi.
Maxím pasa al lado de Rimma que permanece como paralizada con la botella en la mano, se sienta a la mesa. Se echa vodka en un vaso y bebe.
MAXÍM. ¿Dónde está Vitali?
NINA. Le digo: ¿te casas conmigo? Y él me manda a hacer puñetas. (Se ríe, abraza a Maxím y llora.) Me dice: con tipas como tú uno no se casa, ¡zorra! ¡A las tipas como tú se os mantiene como amantes! Le digo: Pues, mantenme, capullo. Pero ese es un inútil. Maxi, quedamos en eso ¿no? me das las llaves de tu dacha y yo la vigilo en lugar del perro ¿vale?
MAXÍM. ¿Dónde está él? Tenemos que irnos…
NINA. (Se sienta en las rodillas de Maxím y le besa.) ¡Ay! Me tiemblan las piernas. “¡La música de Debussy me produce frenesí!” ¡Anda, dame ya las llaves! ¡Dame las llaves de la da-cha! ¡Dame las de la da-cha! ¿Quieres que vayamos ahora mismo? Compramos vodka. Yo tengo dinero. ¿Sabes cuánto? ¡Tú nunca has soñado con tanta pasta! Tengo que ocultarme durante un par de meses… Tú me ayudas ¿verdad? ¿Eh, Maxi? Vamos, compramos vodka y pasamos de Vitali…
MAXÍM. ¿Dónde está? ¿Dónde?
NINA. Está echando la pota al lado de la vaca, el muy maricón. En seguida entendí que era maricón. Lo oculta, el muy cabrón. ¿Por qué te arrastra por las noches? ¿Se quiere enrollar contigo, guapito mío? ¿Eh? ¡Guapito mío! ¡Venga, casaros alguno de vosotros conmigo! ¡Soy buena! Tú, cabrito, ¿me oyes o no? ¡Pasa de este y vámonos a la dacha! Y a esta guarra tampoco la llevamos… ¡Pasamos de ella! ¿Me escuchas, puerca, desecho humano? Vamos…
Rimma rompe la botella contra el sofá y avanza con la botella rota hacia Maxím y Nina.
RIMMA. ¡Lanka! ¡A por ellos! ¿No me oyes? ¡¡¡Lanka!!!
Nina y Maxím aterrorizados retroceden hacia la puerta.
¡Lanka, venga! ¿No quieres mancharte tampoco? Vale, yo misma. Esto será lo justo. ¡A todos os meto ahora doscientos veinte! ¡Os mato a todos! ¡Cabrones! ¡A todos!
NINA. Está perturbada. Idiota. La muy guarra. ¿Tú estás loca o qué?
RIMMA. ¡Alto! ¡Os voy a matar!
MAXÍM. ¡¡¡Quieta, estúpida, quieta!!!
Nina chilla. Maxím le sujeta la mano y la arroja al suelo. La patean y la propinan varios puñetazos.
NINA. (jadeando, da patadas a Rimma.) ¿Has visto la muy cerda? ¿Has visto, eh? Estaba celosa ¿eh? Tenía celos de mí, la cabrona.
MAXÍM. ¡Qué asco! ¡Y además se lanza, la muy puta, contra nosotros… Ya está, no soporto más. Me largo.
NINA. ¿Pero qué haces, Maxi, te vas? ¿Y yo? Esta se levanta ahora y me mata… Maxi… Llévame contigo… ¿Te has fijado en sus ojos, Maxi? Tiene delirium tremens. Maxi, maxi…
Maxím jadea, se seca el sudor de la frente. Mira a Nina y decide con rapidez.
MAXÍM. ¡Venga! ¡Vamos! ¡rápido!
NINA. Cariñito mío… cariñito… Espérame, guapito.
Coge la maleta y va rápido detrás de Maxím.
Rimma permanece largo tiempo tumbada en el suelo.
Se levanta. Bebe de la botella. Cae en el sofá. Enciende y apaga la luz…
RIMMA. (dice con voz cavernosa, tumbada de espaldas.) ¡¡¡Lanka!!! ¡Ven aquí cabrona!
SILENCIO.
¿Por qué no te lanzaste contra ellos? ¿Así es como me defiendes, eh? ¿Para eso te doy de comer? No tengo otra cosa que hacer y por eso te alimento ¿no?.. Lanka…
SILENCIO.
¡¡¡Lanka!!! Ven aquí, consuélame, ven. La-a-anka… Ven aquí… ¡¡Ven aquí!!…Ven o te meto doscientos veinte entre cabeza y espalda ¿eh? ¿Me oyes? Ven aquí.
Se levanta, se tambalea, cae, se levanta de nuevo. Se dirige detrás del armario.
Aparece saliendo de allí. Mira hacia el techo. Enciende y apaga la lámpara.
Lanka está muerta.
Se hace la oscuridad.
Telón.
Final del primer acto.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

SEGUNDO ACTO

31 de diciembre. Tarde, son cerca de las 8 h.

En la habitación algo ha cambiado. Aunque todas las cosas permanecen en el mismo sitio. No, el armario ahora no divide la habitación, está junto a la pared. Se nota algo más de limpieza. No está Lanka ni los cachorros.

Hay un árbol de Navidad en la habitación. De él cuelgan tres adornos navideños, lucecitas. Se encienden y se apagan.

En el sofá, acurrucada en una esquina, está Rimma. Envuelta en una manta, mira como hipnotizada el abeto, mira las lucecitas. En la mano tiene una botella de vodka. De vez en cuando se la lleva a los labios, da uno o dos tragos y sigue mirando fijamente al abeto. Asiente automáticamente con la cabeza.

Con el retumbar de tambores se adivina una marcha de soldados. Vienen de lejos. Se acercan más… y más…

Rimma salta del sofá, se dirige corriendo hacia la puerta negra, la abre. Rimma lleva un vestido con lentejuelas largo hasta los pies, y calza zapatillas de deporte. Abre la puerta de par en par. La nieve penetra en la habitación.

Aprieta la mejilla contra el quicio de la puerta y grita a pleno pulmón:

RIMMA. ¡Feliz Año Nuevo! ¡¡Soldados!! ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!! ¡¡Año Nuevo…!!

Borracha, agita la cabeza de un lado a otro. Cierra la puerta, se dirige hacia el sofá temblando de frío. Se envuelve en la manta y musita algo. Bebe de la botella.
¡¡Año Nuevo…. El Año Nuevo… Feliz… Feliz Año Nuevo… Viva el Año Nuevo…!!
Golpean la puerta.
(con voz ronca.) ¿Quién es? ¿Eh?
Vuelven a golpear la puerta.
Está abierto ¿Eh? ¡Entra! ¿Quién es?
Coge de la mesa un tenedor y lo sujeta con la mano.
La puerta negra se abre.
En el umbral aparece Maxím. Lleva un abrigo y se cubre la cabeza con un gorro de piel. Está cubierto de nieve.
MAXÍM. Hola…
RIMMA. ¿Qué quieres?
MAXÍM. Pasaba por aquí, oigo un grito. ¿Eras tú o quién era? ¿Estás viva?
RIMMA. ¿Quién eres?
MAXÍM. ¿No te acuerdas de mí?
RIMMA. No me acuerdo.
MAXÍM. Estuve una vez aquí con un colega. ¿No recuerdas?
RIMMA. No recuerdo.
MAXÍM. Estabas aquí con una amiga, Nina. Yo vine con un amigo, Vitali. ¿Recuerdas?
RIMMA. Es la primera noticia que tengo. ¿Qué más quieres?
MAXÍM. ¿Cómo has podido olvidarlo? Empezaste una pelea. ¿No te acuerdas? ¿No?
RIMMA. Siempre acabo pegándome con alguien. ¿Acaso tengo que recordar todas mis peleas?
MAXÍM. Vale. Ya veo, no te acuerdas y basta. Mejor.
RIMMA. ¿Qué buscas?
MAXÍM. Me llamo Maxím. ¿No, de verdad no te acuerdas?
RIMMA. Mucho canalla pasa por aquí.
MAXÍM. No, creo que incluso no te caí demasiado mal… ¿No te suena?
RIMMA. Largo de aquí. ¿Tú, de qué vas? Vete a tu casa, es Año Nuevo, te tendrán preparada la cena.
MAXÍM. Me caliento aquí un rato. ¿No te importa?
RIMMA. Aquí hace tanto frío como en la calle. Te va a dar igual…
MAXÍM. Por lo menos no hay viento. Estaré sólo dos minutos ¿de acuerdo? Yo husmeaba por la entrada principal, llamaba, llamaba y nadie me oía. Pensaba que tú te habías ido… Luego me acordé de esta puerta y decidí llamar… Me acerqué y en ese momento oí tus gritos.
RIMMA. ¿Pero no dijiste que sólo pasabas por aquí?
MAXÍM. No. La verdad es que he venido a propósito. Por un asunto. Tienes un bonito abeto. Se enciende, se apaga. ¿Estás sola?
RIMMA. ¿Buscas a alguien?
MAXÍM. ¿Será posible que no me recuerdes?
RIMMA. Qué pesado.
MAXÍM. Cuando vinimos aquí, estabas con una amiga. Nos diste un perro. Yo necesitaba un perro para la dacha. ¿Lo recuerdas? ¿No?
RIMMA. (Enfurecida.) ¡No recuerdo nada!
MAXÍM. Y Nina… ¿Nina no ha aparecido hoy por aquí? ¿O ayer? ¿No? ¿No ha aparecido?
RIMMA. No conozco a ninguna Nina… Ni a ti tampoco… Largo de aquí…
MAXÍM. ¿De veras?
RIMMA. Largo, he dicho.
MAXÍM. (Después de una pausa.) Me parece que por aquí tenías una perra… ¿Dónde está?
RIMMA. La reciclé para jabón. ¡Largo, he dicho!
MAXÍM. No, en serio, ¿qué le pasó? Recuerdo que tenía cachorros ¿no? El armario estaba así…
RIMMA. ¿Pero tú… de qué vas? ¿Eres policía?
MAXÍM. No, quiero que recuerdes…
RIMMA. No he olvidado…
MAXÍM. (Alegre.) ¡Ves! ¡Me estabas tomando el pelo!
RIMMA. El armario estaba en medio. Ahora, al lado de la pared. Y a ti ¿qué más te da? ¿Acaso eres de la inspección contra incendios?
MAXÍM. No, recuerda otra cosa, recuerda…
RIMMA. Sabes, amigo, en la vida no he tenido ningún anhelo. Y ahora lo tengo.
MAXÍM. ¿Qué anhelo?
RIMMA. Que te esfumes de mi vista ¡ya!
Le amenaza con el tenedor, le mira con rabia, con odio.
MAXÍM. Deja eso ¿por qué te comportas como una cría? Voy con buenas intenciones…
RIMMA. ¿Quién te pide que tengas buenas intenciones? Soy un ser amorfo, soy una alcohólica, soy un animal. ¿Para qué quieres tener buenas intenciones conmigo?
MAXÍM. Mira, veo que recuerdas todo. No entiendo por qué mentías.
RIMMA. No recuerdo nada.
MAXÍM. Perdóname por aquello. (Pausa.) Escucha, me abandonó Dódik.
RIMMA. Enhorabuena. ¿Quién es Dódik?
MAXÍM. Pues aquel perro que me diste… Le llamé Dódik.
RIMMA. Recuerdo que me lo robasteis. Y a mí me pegasteis. Lo recuerdo bien.
MAXÍM. No te ofendas… Tuvimos que defendernos, te pusiste como una fiera, nos amenazaste con una botella, podías habernos matado.
RIMMA. Eso sí que no lo recuerdo.
MAXÍM. No lo robamos, simplemente nos lo llevamos. Tú lo hubieras matado. En cambio nosotros nos portamos bien con él. Ahora Dódik se ha marchado de la dacha… Puede ser que rompiera la cuerda con la que estaba atado con los dientes…
RIMMA. Teniendo hambre se puede romper hasta una cadena… ¿Y para qué me lo cuentas?
MAXÍM. (Permanece en silencio durante un rato y dice) ¿No volvió por aquí?
RIMMA. Igual volvió. Pero yo todos los perros abandonados los liquido… en seguida.
SILENCIO.
MAXÍM. ¿Dónde pudo meterse?
RIMMA. Venga, vete…
Maxím se levanta, se dirige a la puerta y se detiene.
MAXÍM. Y tú ¿qué? ¿Vas a pasar aquí el Año Nuevo? ¿No tienes dónde ir? ¿A casa de alguien? ¿A una mesa decente?
Rimma permanece en silencio.
Tienes que perdonarme por aquella conversación. Yo no tenía razón… Hay que ser más tolerante con la gente. Pero tú también tenías lo tuyo. No sabes beber…
Rimma permanece en silencio.
¿Puedo quedarme un rato contigo? ¿Estarás aburrida aquí tú sola? Además, igual viene…
RIMMA. Pero ya te he dicho que liquido a todos los perros. No va a venir.
MAXÍM. No, me refiero a otra cosa…
RIMMA. Yo también me refiero a otra cosa.
MAXÍM. (Pausa.) Entonces ¿me quedo un rato?
RIMMA. En las casas como es debido dicen: “¿Me permite quedarme un rato?”
MAXÍM. Vale. ¿Me permites?
RIMMA. (Tras un momento de silencio.) ¿No has venido a por el perro, verdad?
MAXÍM. No. Tienes razón. No por el perro.
RIMMA. (Tras un momento de silencio.) ¿Y cómo te has dado cuenta? ¿Has sentido algo? ¿Verdad? ¿Será posible?
MAXÍM. Darme cuenta ¿de qué? ¿Qué tenía que sentir?
RIMMA. Pues eso: que hoy voy a morir.
MAXÍM. Ya empezamos… Tu famoso humor negro. Déjalo. Hace dos meses sólo hablábamos de eso, y ahora otra vez… Déjalo. ¿No estás harta tú misma?
RIMMA. No. Hoy, seguro. En el Año Nuevo. Como si estuviera escrito. Ni antes ni después. A las 12 en punto. ¿Lo has sentido? ¿De verdad lo has sentido?
MAXÍM. Pero sentir… ¿qué?
RIMMA. (Tras un momento de silencio.) Rogaba a Dios todo el tiempo: que venga, que venga… Y de repente, como en una fábula: se abre la puerta. Me asusté tanto… Me aterroricé… ¿Lo has sentido?
MAXÍM. Sí, sí, sí. Lo he sentido. Lo he sentido. ¿Ya estás tranquila? Claro que lo he sentido. Sí. ¿Tienes algo de beber? Dame algo, para calentarme…
RIMMA. Toma.
Pasa a Maxím la botella. Le mira fijamente.
MAXÍM. (Encuentra un vaso, bebe rápidamente, derrama algo de vodka en el abrigo.) Hostias… Así está mejor. Esto me deja más tranquilo.
RIMMA. ¿Te duele?
MAXÍM. Me duele… Me duele… (permanece en silencio un rato.) Dime, tú lo sabes todo… Dime, eso es de verdad ¿no?
RIMMA. ¿Qué?
MAXÍM. Lo que nos ocurre a todos nosotros. ¿Eso es para lo que hemos nacido? ¿Ya nada va a ser de otra manera, no? Toda esta tontería, todo este vaivén, ir de un lado para otro, todo esto ¿es de verdad? ¿Esto es lo que tenemos que vivir? ¿Es eso? ¿Es eso?
RIMMA. No sé, no entiendo de qué estás hablando.
MAXÍM. Pues que ya no tendremos ninguna otra vida. ¿Ya está? ¿Sólo esta y ninguna más? (pausa.) Sabes, lo que nos ocurre es un absurdo inimaginable. Siempre pienso que en algún lugar, en el otro extremo del mundo, en un país caluroso o frío, hay una persona a quien siempre he querido, a quien he querido toda mi vida… La persona verdadera, no la que tengo a mi lado que parece que está a mi lado sólo de manera provisional, simplemente para que no me aburra mientras tanto, no sé… Pero llegará nuestra hora, nuestros caminos se juntarán y entonces seremos felices. Y así tiene que ocurrirnos a todos, a todos… si no, ¿para qué vivir? Y lo que me ocurre ahora a mí, y a todos, no es vida de verdad, la verdadera será luego, cuando nos crucemos con esa persona… ¿Y si no nos cruzamos? ¿Habrá otra vida? No, no habrá. No. No. Esta asquerosa vida mía, será la verdadera. ¡Para arrastrar una carga! Para eso es para lo que he nacido… Ahora vuelvo de la dacha, en tren y miro por la ventana: abetos, nieve, vagones parados en otras vías, miro los rieles y todo pasa, pasa, pasa… así transcurren los días, uno tras otro corren, y no hay nada detrás, un vacío… Y no hay nada delante… no veo nada… sólo el asco de la vida, de mi vida.
RIMMA. ¿Lo sientes por el perro? ¿Te habías acostumbrado a él?
MAXÍM. ¿Por el perro? (pausa.) Lo siento por mi. (pausa.) ¿No te llamó? ¿No vino? Es que desapareció…
RIMMA. ¿Quién?
MAXÍM. Nina, tu amiga. Hace tres días que desapareció.
RIMMA. No. No. (Permanece un rato en silencio.) Frío, frío, frío…
SILENCIO.
MAXÍM. Sabes, a mi mujer, la odio. La mataría. Es el mayor desproposito de mi vida. Todo es por culpa de ella… es insípida, tonta, grasienta… La odio, la odio, la odio.
RIMMA. Bebe más.
MAXÍM. Dame. Me calienta. Hace frío en la calle. Aquí también hace frío. Como en una nevera. Como en el congelador. Estoy congelado.
RIMMA. En la morgue también dicen que se siente lo mismo…
MAXÍM. Otra vez empiezas… (pausa.) No he probado esa experiencia… ¿Cómo puedes soportar esto? Hace un frío de perros.
RIMMA. Tengo la sangre ardiente. Tócame las manos. Están calientes.
Sacó la mano de la manta y tocó a Maxím. Este se apartó dando un respingo. Bebió de prisa.
MAXÍM. Calientes, calientes…
SILENCIO.
RIMMA. Murió mi Lanka.
MAXÍM. (dando un respingo.) ¿Quién?
RIMMA. Tenía una perra. Se murió.
Se apartó la manta y se puso de pie en el sofá. Zapatillas deporte, vestido largo con lentejuelas.
Esto es de ella, su vestido. ¿Te gusta?
MAXÍM. ¿De ella?.. Es como de mercado ambulante… Así van las gitanas.
RIMMA. ¿Está mal? ¿Me lo quito?
MAXÍM. ¿Para qué? Déjalo. Es fiesta. Parece un disfraz. (Bebe mucho y rápidamente, se emborracha en seguida.)
RIMMA. Lo compré ayer. Gracias a Lanka. Precisamente ayer vendí el último cachorro. Saldé todas mis deudas. No debo nada a nadie. Saqué adelante a los cachorros. Lanka no se ofenderá cuando nos encontremos allí. Pensé: ¿acaso voy a estar en ataúd con calcetines y pantalones? Lo cogí y lo compré. Así voy a estar con un vestido brillante, bonito… Como la bella de la fábula… Que todos me envidien…
MAXÍM. Ya empiezas otra vez. ¡Déjalo, te lo ruego! Me siento fatal y tú encima empiezas otra vez…
RIMMA. Todo está en orden. Tú viniste. Me oíste. Entonces todo está en orden… Ya está… (se ríe.) Venga, ya que has venido, hagamos un ensayo.
Se tumba en el sofá con las manos sobre el pecho.
¡Mira! ¿Me oyes lo que te digo? ¡Mírame!
MAXÍM. Mirar ¿qué?
RIMMA. Anda, venga, mira.
MAXÍM. Bueno. Miro. ¿Y qué?
RIMMA. Cuéntame ¿qué ves?
MAXÍM. No veo nada. Déjame en paz…
RIMMA. Venga, mira más atentamente.
MAXÍM. Estoy mirando ¿y qué?
RIMMA. Imagínate que estoy en el ataúd y te acercas a mirar. ¿Te lo imaginas, eh?
MAXÍM. ¡Basta ya! ¡Estoy harto de eso! ¿Me oyes?
RIMMA. (Se sienta en el sofá.) ¡Cariño! ¡Te lo pido por favor! ¡Cariño! ¡No te voy a pedir nada nunca más! ¡Te lo pido, por favor!
SILENCIO.
Maxím aparta la vista.
MAXÍM. Bueno, vale. Como es Año Nuevo, juguemos como en un jardín de infancia… Como estoy en tu casa, tengo que cumplir tus antojos. O más bien tus manías. ¡Vale, empezamos!
RIMMA. (Se tumba.) Dime lo que ves… (pausa.) Imagínate que ya estoy muerta y que has venido al entierro. Porque… ¿vendrás? Dime sinceramente: ¿vendrás?
MAXÍM. Iré. Iré. Déjame en paz. (bebe vodka.)
RIMMA. Vamos, será entretenido, juguemos. ¿No has dicho tú mismo que juguemos? Entonces has venido… Todos miran. Todos están de pie. Miras. Dime ¿qué es lo que ves?
MAXÍM. (Mirando al abeto.) Pues, he venido… Todos están de pie. Miro. Rimma está en el ataúd. Lleva un vestido brillante… Sus manos reposan en el pecho. Todos están de pie. Todos están en silencio. Nadie llora…
RIMMA. (Apaga la lámpara de la mesilla.) Espera, apago la luz… (vuelve a tumbarse, pone de nuevo las manos sobre el pecho. Las luces del abeto se encienden y se apagan intermitentemente.) ¿Mi madre, mi madre qué hace? Mira atentamente lo que hace. A ver ¿qué hace?
MAXÍM. (Permanece callado durante un buen rato. Mira al abeto.) Está al lado del ataúd tu madre… Tu madre… lleva un abrigo gris viejo y en la cabeza, un gorro de punto rojo. Está al lado del ataúd tu madre, te acaricia la mejilla y mientras lo hace, se lamenta: “Rimma hija mía, qué pelo más tupido tienes, qué negro, qué brillante…” Aúlla, aúlla, dice tonterías, lo que se le ocurre… Y tú en un lado de la cabeza, en la sien tienes una marca roja. Tus ojos están cerrados. No sonríes. Pareces enfadada. Todos están de pie. Hace muchísimo frío. Todos están abrigados. Enero. Acabo de llegar. Aparté a todos. Coloqué encima de ti, encima de tu vientre cuatro flores blancas. Invierno, un frío de perros. Llevaba las flores envueltas en un papel grueso de color gris y te las traje a ti… ¿Qué eras para mí? Nadie. Nadie… Nos vimos dos veces en la vida. Tan sólo. Pero no sé por qué, te recordaré hasta el final de mis días… Recordaré tu vida malograda y tu terrible final… Y sin duda recordaré tu funeral… Las flores blancas son un símbolo de inocencia. Rimma fue virgen. Ahora, después de su muerte, lo sé con seguridad… Cogí las flores del invernadero de mi fábrica, allí trabaja una conocida mía… Me las dio gratis. Así fue. Incluso para tu funeral no gasté nada, como si no quisiera gastarme nada en ti. Así es como fue. Vine, coloqué las flores y arrojé a la basura el papel donde estaban envueltas. Vino Vitali. Este te recordará siempre. Cuando se emborrache empezará a llorar y a pedir a todo el mundo que escriba una novela sobre cómo viviste y cómo moriste… Cada vez que Vitali pase cerca de esta clínica, apartará la vista y llorará recordándote. Y yo te voy a recordar… Cuando vea en la calle un perro abandonado o un piojoso gato arrastrándose, en seguida te recordaré. No porque liquidaras mil bichos como estos sino porque tienen los mismos ojos que tenías tú… Y tu padre está detrás de tu madre. Bajito, enjuto, empapado en alcohol. Agarra su carpeta porque en ella lleva dos garrafas, de tres litros cada uno, de vodka casero. Tu padre se acerca a los presentes y les ofrece un vaso sucio de vodka para que beban en tu memoria… No hay dinero en casa para comprar vodka, hicieron vodka casero a escondidas. Durante las noches oscuras bebiendo, llorando, destilaban vodka tu padre y tu madre … No hay dinero. Ni siquiera para pagar a los que llevan el ataúd… Pero tú pesas. Veo dos coronas. Cintas negras. Llegaron varias mujeres. Cuatro. Y no vino nadie más… Vuelvo a casa y me encuentro en la puerta una frase esculpida con un clavo: “Eres tonto…” Durante años trataré de borrar con pintura estas palabras pero seguirán apareciendo por debajo de la pintura. Seguirán notándose…
SILENCIO.
Maxím saltó, movió bruscamente la cabeza como despejándose y encendió la luz.
(Asustado.) ¿Qué era eso? ¿Qué era? ¿Qué era? ¿Estaba delirando?
RIMMA. (Se sienta en el sofá.) Todo está bien, cariño. (Se ríe feliz.) Pues sí, ya he visto cómo va a suceder todo. Así sucederá… No podría ser de otra manera. Te lo agradezco. ¿Vas a compadecerte de mí, no?
MAXÍM. (Confuso se frota la frente.) Probablemente sí. Fuiste una persona, no un bicho…
RIMMA. (En voz baja.) Entonces acércate, bésame para despedirme.
MAXÍM. No, no, no hace falta… Nos hemos pasado en este juego… No hace falta… No puedo…
RIMMA. (Susurrando.) Pero si ya estoy muerta… ¡¡¡No existo!!! Ahora aprietan un botón y el ataúd se arrastra hacia abajo, al crematorio, sólo queda un segundo y nunca volverás a verme ¡¡¡nunca, nunca!!!
MAXÍM. No… No… No puedo… No… No…
SILENCIO.
Rimma mira a Maxím.
RIMMA. Entonces no te compadeces de mí. Sólo te compadeces de ti mismo. No eres feliz… Aunque tengas dos remolinos en el pelo. Eres tonto, tonto…
MAXÍM. Dime ¿qué fue eso que me ocurrió hace un momento?
RIMMA. (sonríe.) A veces ocurre. A veces te imaginas algo como si ya hubiera ocurrido… A veces ocurre. No pasa nada.
MAXÍM. Entonces ¿eras tú?
RIMMA. Era yo ¿qué?
MAXÍM. En la puerta de mi casa alguien escribió con un clavo: “Eres tonto”… ¿Fuiste tú, no? ¿Por qué?
RIMMA. Para dejar memoria.
MAXÍM. ¿Qué memoria?
RIMMA. Eterna. Memoria eterna. Para que no me olvides. Para que cuentes a algún escritor acerca e mí. Para que él escriba. Si no, nada quedará de mí ni de Lanka. Hasta que no lo cuentes vas a estar inquieto, te va a doler aquí…
Se tumbó en el sofá.
Y ya está… Ya está.
Apretó el interruptor de la lámpara de la mesa.
Fíjate… A veces da luz, a veces mata… Mata hasta la muerte…
MAXÍM. (Está sentado en el suelo.) Otra vez hablas de la muerte, de la muerte, de la muerte, de la muerte… ¡Qué harto estoy! ¡Basta ya!
RIMMA. Y tú ¿nunca piensas en ella?
MAXÍM. ¿En qué?
RIMMA. En la muerte. ¿Nunca?
MAXÍM. No tengo tiempo para pensar. Yo vivo. Mal o bien ¡vivo!
RIMMA. En cambio yo, desde la infancia, pienso sólo en la muerte. ¿Qué es la muerte? Recuerdo, recojo una mariquita, y digo: “¡Mariquita, mariquita, vuela al cielo, allí están tus crías comiendo caramelos, cada una come el suyo y para ti no hay ninguno! ¡Mariquita, mariquita, vuela al cielo, tráeme suerte!” Pero alguna no quiere volar. Entonces me enfado y la aplasto. Sólo queda una mancha. Estaba, y ya no está. Tenía lunares negros y alitas marrones, transparentes… y ahora ya no hay nada… ¿Dónde fue? ¿De dónde vino? Y ahora por la noche se me aparecen perros despellejados y personas desnudas, como muñecos de juguete… Les pongo en la cabeza un “menos” y en la espalda un “más” y… en seguida se convierten en cadáveres… Cadáveres…
MAXÍM. ¿A personas?
RIMMA. A personas.
MAXÍM. ¿No te da miedo?
RIMMA. Ni el más mínimo… Ni el más mínimo… Ni el más mínimo…
MAXÍM. Viejos, niños ¿también? ¡Contesta!
RIMMA. Todos tienen la misma cara.
SILENCIO.
Todos se parecen a ti. Esas personas todas tienen la misma cara. La tuya.
MAXÍM. (Permanece en silencio, bebe de la botella.) ¿Me odias, verdad? ¿Por aquel día me odias? ¿No puedes olvidar?
RIMMA. Te quiero.
MAXÍM. (pausa.) ¿Y qué es lo que te hice para que quieras matarme como un perro?
RIMMA. A la persona que quieres… Te entran ganas de matarla… Yo quería a los perros… Les libraba del sufrimiento…
MAXÍM. ¿Qué tipo de amor es ese?
Pausa.
RIMMA. Vives en un bajo.
MAXÍM. ¿Por?
RIMMA. Os he estado observando. Varias veces. A ti y a tu mujer. ¿Acaso se puede vivir así, odiándose uno a otro? Intenta volver a quererla… ¡Quiérela! Por eso eché a Nina… La encontré y la eché, la eché de tu dacha… Toma, tus llaves, que no se me olvide devolvértelas… Ahora no tendré que escribir una nota para que te las devuelvan… Y ninguna otra nota. Voy a morir sin notas… Mejor. Nada quedará después de mí. Existía y no existo. Ya está. Luego algún escritor escribirá… Si tu le hablas de mí… ¡Háblale de mí!.. Pero a esta mujer no la busques… Voló. Mariquita, vuela al cielo… Traje aquí al perro. Lo liquidé. Porque en la dacha él solo hubiera acabado congelado.
Arrojó a Maxím un manojo de llaves.
MAXÍM. (Permanece un rato en silencio.) ¿Quién te pidió que hicieras eso? (en voz baja.) Eres una hija puta. ¿Por qué metes las narices en la vida de los demás? ¿Quién te dio permiso, quién?
RIMMA. Te deseo felicidad. Felicidad. Como tienes dos “remolinos” en la cabeza… Ya está. Ya he contado todo. Ahora puedo… Dentro de media hora… No, queda un poco más. Una hora. A las 12 en punto, para que todo suceda a su hora exacta…
MAXÍM.¿Quién te dio permiso?¿Quién te dio permiso?¿Quién te dio permiso?
Llora.
RIMMA. Queda una hora… Una hora entera…
Marchan soldados y se oye rítmico retumbar de las botas en el asfalto helado.
Los soldados. Los soldados marchan… Vuelven de los baños públicos, vienen de lavarse en la víspera de las fiestas… Vuelven los soldaditos. Van a estar limpios en el año nuevo…
Se desprende de la manta, corre hacia la puerta, la abre de par en par, grita allí, a la calle, en medio de la ventisca.
¡¡¡E-e-h!!! ¡¡¡Soldados!!! ¡¡¡Feliz Año!!! ¡¡¡Feliz Año!!!
Las casas silenciosas devuelven el eco del sonido: “Feliz”…
Pasó una unidad.
SILENCIO.
Rimma tiembla de frío. Se sienta en el sofá envolviéndose en la manta. Le rechinan los dientes. Bebe de la botella.
(Susurra.) Voy a estar en un ataúd de cristal, de cristal… En un ataúd colgado con cadenas de oro. Será un ataúd como el de la fábula sobre la princesa muerta. Voy a dormir, dormir mucho, mucho tiempo… Y luego vendrá un príncipe, me besará y yo sin duda resucitaré, sin falta resucitaré… “y meciéndose en las cadenas de oro suspira diciendo: ¡cuánto tiempo dormí! Y se levanta del ataúd… Y lloran ambos… Y él la recoge en sus brazos y la lleva de la oscuridad a la luz… a la luz…” Y vamos a vivir… Entonces sí que vamos a vivir…
Bebe de la botella.
(susurra.) Lanka… mi Lanka… Te has congelado en la tierra, pobre… ¿Qué tal estás allí, Lanka?.. ¿Me esperas, Lanka?.. Voy pronto… Ya queda muy poquito, Lanka… No es fácil, Lanka… Es difícil, Lanka… Lanka, Lanka, mi Lanka… Mi Lanka…
SILENCIO.
Tú ¿qué estás haciendo aquí? Venga, vete… ¿Qué haces aquí?
MAXÍM. (llora.) ¿Por qué lo has hecho? ¿Quién te pidió que lo hicieras? ¿Quién?.
RIMMA. Vete, vete… Tu mujer espera… Tienes tu propia vida… Vete… Es Año Nuevo… La mesa está preparada… Está colocado el abeto, las lucecitas se iluminan… Tu hija te espera, la llevarás algún regalo… Vete… Vete…
Maxím está borracho. Se levanta tambaleándose. Cae, se levanta.
MAXÍM. Me espera mi mujer… La quiero… La quiero mucho… La quiero mucho, mucho… Esa se ha ido… Qué se vaya… Es lo que debe ser… Que todo eso quede en este año… Yo mismo no hubiera podido… Es lo que debe ser… ¿Para qué nos mentimos uno a otro?.. Yo quiero a mi mujer… mi mujer… la quiero… Mientes, tu no sabes nada sobre el amor, el amor no es ¡ay! ¡ay!.. el amor es costumbre. Tú nunca lo entenderás… Tú odias, no puedes querer… Matar, sí… Querer, no… No… No…
Se dirige a la salida.
Vuelvo después de las fiestas. Me llevaré otro perro. ¿Me oyes? ¡A ver si te atreves a negármelo! ¡A ver si te atreves!
RIMMA. (Se tumba en el sofá, se envuelve en la manta.) Ven… Ven el día 2… No voy a cerrar la puerta con llave… No llames… Abre la puerta, empuja y entra… Ven de madrugada… Ven…
MAXÍM. Ya está bien. Ya está bien. Ya está bien. Me voy. Me voy…
Se para junto a la puerta.
Has hecho bien… Has hecho lo que se debía hacer… Gracias… Te lo agradezco.
Abre la puerta. Vuelve sobre sus pasos.
¿Por qué me comporto como un cerdo? Eres buena. Me has quitado un peso de encima. Has cortado el nudo. Gracias. Déjame que te bese. De hermano a hermana…
Se dirige hacia el sofá.
RIMMA. (Se contrae, grita) No… No… no…. no… Más adelante… ¡¡¡El día dos!!!¡No ahora! ¡¡¡No ahora!!!
MAXÍM. ¡No seas tonta! ¡Venga!
Besa a Rimma y se dirige hacia la puerta.
Adiós. Hasta después de las fiestas… Has hecho todo bien… Adiós.
Maxím se va.
RIMMA. (Susurra.) Voy a estar tumbada como la princesa durmiente… Voy a estar dentro del ataúd de cristal, colgado de cadenas de oro. Vendrá un príncipe, me besará… Vendrá… Vendrá…
Rimma se levanta, abre la puerta negra.
Ventisca, nieve, estrellas.
Se dirige al armario.
Cae, se golpea en la sien, se tapa la sangre con la mano. Llega hasta el armario. Tira de la puerta. Encuentra en el armario un cable.
Se dirige hacia la mesa. Cae, se levanta. Vuelve a caer y vuelve a levantase. La ventisca la hace caer, el viento con nieve azota la habitación.
Lanka… Mi Lanka… Sólo quiero que estés allí conmigo… No necesito a nadie más, no necesito a nadie… Tienes que estar allí conmigo… Lanka… Mi Lanka… No me falles… Lanka…
Se enrolla el cable en la mano.
Arranca el cable de la lámpara del enchufe.
OSCURIDAD
Sólo las luces del abeto se encienden y apagan intermitentemente.
En la lejanía se oye el sonido fantasmal de un reloj marcando las 12.
***
LUZ
De repente desaparecieron las paredes.
Desapareció la habitación, el sofá, la puerta, el armario.
No hay nada.
Y detrás de las paredes, el cielo. El cielo estrellado.
Con un vestido blanco y resplandeciente camina por las estrellas IRKA LÁPTEVA.
Es ella quien murió, hace muchos años.
Es ella quien quería que yo escribiera sobre ella.
Es sobre ella sobre quien escribí esta historia.
Observé por detrás a Irka caminando.
Volvió la cabeza y me saludó, alegre y feliz, agitando la mano.
Se rió de algo y, apresurada, siguió su camino.
Junto a ella, sacando fuera su ardiente lengua roja, corre la perra Lanka de la constelación Can Mayor.
Van juntas, Irka y Lanka.
Cada vez más pequeñas…
Sólo queda de ellas un punto luminoso en el horizonte.
Como si fueran dos diminutas estrellas juntas.
Se difuminaron totalmente.
Desaparecieron.
Ya no están.
OSCURIDAD.

Final.

Junio 1990

* "La despedida de la eslava" = Popular marcha militar rusa

© Traducción: José María Cañadas/Galina Lukiánina, 2006
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