Hace ya más de 30 años que existe en Madrid el restaurante ruso “El Cosaco”. Para muchos visitantes este es el único trozo material de Rusia que encuentran en su vida.
¿Cómo es esta Rusia? Porque Rusia tiene muchas caras. Probablemente, en primer lugar como la siente y la imagina la dueña del restaurante, Tatiana Máslennikova.La conversación todavía con la grabadora apagada, de forma muy rusa, empezó sobre política. Después de Putin, Kerensky y la familia del zar la conversación tornó poco a poco a la familia de nuestra interlocutora:
– Mis padres se conocieron en París. Mi padre era oficial ayudante del general Pólovtsev, el que organizó el famoso batallón de mujeres.
Tenía 20 años más que mi madre, a mi madre la llevaron a Francia a la
edad de 6 años. Mi padre recordaba bien Rusia. Me contaba muchas cosas y
en ruso, desde luego. En nuestra familia hablábamos en ruso. Después
fui a un colegio francés, luego a un colegio español y más tarde me casé
con un americano. Y la verdad que ahora hablo muy poco en ruso.
– ¿Y no tiene ocasiones de tratar con rusos aquí en Madrid?
– No, porque cuando llegué aquí no había rusos. Luego empezaron a llegar
los “niños de la guerra”. Conocí a algunos pero… no teníamos mucho en
común. Y ahora vosotros los jóvenes habéis empezado a llegar y sois otro
mundo.
– ¿No hablaba ruso con sus hijos?
– No, con ellos hablaba en inglés. Son cuatro y tienen pasaporte
americano. Incluso con mi madre hablo después de la muerte de mi padre,
en francés.
– ¿Lee usted en ruso?
– Puedo. ¡Pero me cuesta tanto trabajo!
– Me extraña mucho hablar en ruso con una rusa que no lee ruso. ¿Y los clásicos rusos?
– En inglés y en francés. ¡No!… he leído a Pushkin en ruso. Me gusta
leer y me apetece leer tantas cosas en inglés, en francés y en español
que no tengo tiempo de leer en ruso.
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La entrada del restaurante ruso "El Cosaco" en Madrid en la Plaza de la Paja (foto de 2002) |
– ¿Tiene amigos en Rusia?
– Sí. Por ejemplo en Moscú conozco muchos músicos.
– ¿Usted tiene relaciones especiales con la música?
– Me gusta mucho la música.
– ¿Toca algún instrumento?
– No. Tocaba el piano cuando era niña. Pero al final dije a mis padres
que me gustaba mucho la música, pero que tenía un oído muy bueno y no me
gustaba lo que tocaba. Pero cada domingo voy con mi marido a un
concierto. Tenemos un abono. La madre de mi padre tocaba muy bien el
piano y su hermana incluso componía. Mi padre era muy buen amigo de
Shaliapin. Otro amigo suyo era el hijo menor de Lev Tolstoi, Misha
Tolstoi.
– ¿Ha estado muchas veces en Rusia?
– He estado varias veces, la primera vez con mi marido en San
Petersburgo en los primeros años de la Perestroika. Encontré la casa
donde había nacido mi madre. Estábamos invitados por el cónsul general
de los Estados Unidos, de quién somos amigos. Y curiosamente en la casa
donde nació mi madre está ahora el consulado americano. Hace varios años
estuvimos en Sarátov. Mi abuelo, el padre de mi padre, era el alcalde
de Sarátov y en los últimos años, miembro de la Duma.
– ¿Encontró en Sarátov a sus parientes?
– No, porque la familia de mi padre era pequeña, sólo tuvo un primo,
también oficial, que se pasó al otro lado, según dijo a mi padre, por
sus convicciones. Sé que después ascendió a general. Todos los demás
abandonaron Rusia.
– ¿Cuál fue su impresión sobre Rusia? ¿Consideraba que era algo suyo?
– Cuando estoy allí, a veces tengo la sensación de que sí, que eso es
algo mío. Pero eso sólo cuando estoy allí. No, no puedo decir que sea
rusa. Aunque desde luego algo me atrae de allí.
– ¿Una hija de padres rusos no es rusa?
– Hay allí muchas cosas que me resultan ajenas. Por supuesto Petersburgo
era como me lo había imaginado pero sólo hasta que entré en las casas.
Cuando una llega ve una ciudad hermosa, tal como aparece en los cuadros y
en el cine. Pero en la vida cotidiana… Quería encontrar un teléfono
pero ¡no hay guía de teléfonos! (Puede ser que ahora ya exista). ¡Eso es
alucinante! Me dirigí al mercado porque acostumbro a ir allí en todos
los lugares a donde viajo y vi… no hace falta que le cuente como eran
los mercados en Rusia hace diez años. Muy pobre y muy caro para la
población, pero sin embargo, venden flores y la gente las compra porque,
aunque son muy caras, las llevan cuando tienen que ir invitados a casa
de alguien. Sin llevar una flor no se les ocurre ir. Eso es muy
emocionante, es algo que me conmueve. Hay cosas que para mí… Porque mi
papá y mi mamá siempre regalaban flores, siempre que vas a un sitio:
flores o una botella de champán. Esas cosas están en el corazón. Pero
también existen cosas que no entiendo.
– ¿Por ejemplo?
– Me dio escalofríos cuando en Sarátov fui a visitar la casa de mi
abuelo en compañía de funcionarios del ayuntamiento. La casa de mi
abuelo es una buena mansión donde vivían 5 personas con sirvientes.
Cuando nos acercamos la gente que vivía allí empezó a gritar desde las
ventanas: “¡Vosotros que sois del ayuntamiento, nos prometisteis pisos
desde hace varios años! ¿dónde están nuestros pisos? ¡llevamos 3 días
sin agua!”, etc. Al entrar vi una escalera de hierro muy bonita pero
desprendida en pedazos y atada con cuerdas. Me espantó por lo que no
quise entrar pero mi hijo sí lo hizo y me dijo que allí vivían más de 30
personas. Lo hubiera entendido si hubieran reformado el lugar y lo
hubieran convertido en pequeños apartamentos… pero no, todo se encuentra
de una manera salvaje. Esa gente tiene educación, pueden mantener
conversaciones normales, van al ballet pero sin embargo viven como en el
Tercer Mundo.
– Ya me imagino.
– Pero hay otras cosas que me resultan cercanas. El ruso es, en general,
muy sentimental, tierno, aparentemente puede parecer rudo pero por
dentro no lo es. En Sarátov estuvimos con el alcalde en el ayuntamiento y
cuando bajamos al vestíbulo nos encontramos a una de esas típicas
abuelas que nunca sabes lo que hacen pero que siempre están presentes,
se dirigió hacia mi y comenzó a besarme diciendo: “¡Al final ha
venido!”. Esto no puede ocurrir en ninguna otra parte, ni en España ni
en Francia. Sólo en Rusia. En general los rusos son gente agradable pero
también pueden convertirse en fieras. Existe una especie de alma
primitiva en el ruso.
– Me pareció divertida su definición de los rusos, como son...
– Como me parecen a mí.
– De acuerdo, como le parecen a usted. ¿Y que opinión tiene de los franceses y de los americanos?
– Los franceses son intelectuales. Piensan con la cabeza y no con el corazón.
– En Rusia se piensa por el contrario que los franceses son don juanes.
– Sí, pero don juanes cerebrales, marqueses de Sade, etc. Los franceses
se divorcian menos que otros ya que la familia es la familia pero aparte
tanto él como ella tienen historias, en fin, todo lo tienen muy
pensado. Mi padre decía que la diferencia entre los rusos (¡y
españoles!) con los franceses y en general, otros europeos, consiste en
que rusos (y españoles) ante un impulso externo, normalmente responden
en primer lugar con el corazón y sólo más tarde, a veces, con la cabeza,
mientras que los alemanes, franceses, ingleses, etc. responden siempre
con la cabeza y solo más tarde, a veces, con el corazón.
– ¿Y los españoles?
– Los españoles han cambiado mucho desde la primera vez que les conocí.
Se han convertido en más europeos. Piensan ahora más con la cabeza que
con el corazón.
– ¿Y los norteamericanos?
– En América el poder está en el dinero. Me casé y nos fuimos a vivir
allí. Nunca olvidaré una conversación entre amigos referida a un
conocido que compró una casa: “Johnny se ha comprado una casa
maravillosa. Le costó medio millón de dólares”. En Europa en la misma
circunstancia hablarían de otra manera: “Johnny se ha comprado una casa
maravillosa, es una casa blanca situada en una montaña, etc.” No se
empieza hablando de dinero.
– ¿Y su marido también es así?
– ¡No! Por eso vive aquí. No todos los americanos son así. Es un país de una mezcla enorme, hay gente de todas clases.
– Hemos hablado de muchas cosas pero todavía no me ha dicho cómo apareció usted en España.
– Vivía en Francia y cuando tenía siete años nos trasladamos a Tánger.
En Francia la vida era dura después de la guerra, mis padres se
dedicaban a negocios inmobiliarios y unos amigos les escribieron
diciéndoles que existía un boom de la construcción en Tánger, fui al
colegio español de esa ciudad. Más tarde estudié en Madrid en la
Universidad, me casé y me fui a América para dos años, a continuación mi
marido y yo vivimos en Senegal. Después de esto volvimos a Madrid.
– ¿Por cierto, cómo conoció a su marido?
– El estaba sirviendo en la flota americana y estudiaba ruso. Y siempre
buscaba gente con quien practicar. En Tánger conoció a mis padres. Un
día les dijo que iba a viajar a Madrid y mis padres le dijeron que
tenían una hija estudiando allí. En aquel entonces él hablaba bien en
ruso. Yo no hablaba inglés, de manera que empezamos a tratarnos en ruso.
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Tatiana Maslennikova (Maslenikoff). Foto de su archivo |
– Usted estudiaba periodismo y era aficionada al arte ¿cómo se le ocurrió poner un restaurante?
– Al fracasar los negocios de mis padres, decidieron abrir un
restaurante ruso en Tánger. A mi padre siempre le gustó la cocina. Entre
tanto mi marido y yo intentamos montar varios negocios. En un momento
dado nos comunicaron unos amigos que existía un local vacío en el centro
de Madrid apropiado para montar un restaurante. Mis padres nos ayudaron
con consejos y recetas.
– Parece que esto le atrajo a usted mucho. Incluso ha escrito un libro sobre cocina rusa…
– Empezamos con un restaurante muy pequeño. Es donde ahora se encuentra
el bar “El Cosaco”. Después nos trasladamos a un local más grande.
¡Cuantas cosas experimentamos durante esos años! Los españoles por
ejemplo no aprecian el sabor de trigo cocido de alforfón. Algunas cosas
si no las comes en la infancia pueden parecer combinaciones extrañas.
Los españoles no aprecian los pepinos salados. No tengo un mi
restaurante pelmeni. Los preparé un par de veces pero me dijeron ¡eso
son ravioli! Pero con blini, pirozhki, borsh no hay problemas.
– He visto vuestra carta ¡que es totalmente fantasiosa!
– Eso es de mi marido al que le encanta poner nombres a los platos. Es fantasía y ¿por qué no?
– ¿A él también le gusta la cocina?
– Le gusta comer bien, pero no entiende nada de cocina. Aunque se da
cuenta de cuando un plato no está bien preparado… En general la cocina
rusa es muy rica. La cocina rusa que me enseñaron mis padres es la que
va del Báltico al Asia central. Es verdad que muchos estaban
descontentos con la centralización que imponía Moscú, pero…
Y así volvimos al final a un tema muy ruso, política…
Galina Lukiánina
Publicado en el periódico bilingüe "Estación Mir", diciembre de 2001